domingo, 13 de enero de 2013

Ángel de la revolución

María Eva Guevara

Ángeles Gutiérrez de Moyano fue una de las fundadoras del Sindicato del Magisterio en los ’50 y militante social. En los ’70 se sumó al Partido Peronista Auténtico junto al ex gobernador Alberto Martínez Baca. Fue detenida y desaparecida.

Atardecía en Córdoba cuando por fin se realizaba el primer congreso del Partido Peronista Auténtico; estaba previsto su arranque por la mañana ese 16 de noviembre de 1975 pero un atentado con dinamita dejaba en ruinas el lugar de la convocatoria, la sede del Centro de Industriales Panaderos, en pleno barrio obrero de Talleres.

Finalmente, en la asociación de residentes checoslovacos, la reunión nacional se concretaba. A la ciudad que había sido sede de tantas luchas populares que hicieron retroceder a la dictadura militar, llegaban los integrantes de la delegación mendocina, preocupados por la desastrosa política del gobierno de Isabel Martínez y su “grupo de amigos”. La figura más relevante era sin dudas Alberto Martínez Baca, gobernador electo por el 71,46% de los votos en los comicios del 11 de marzo de 1973 aunque hacía más de un año que estaba fuera de su cargo debido a un juicio político impulsado por el sector vandorista del peronismo en alianza con el Partido Demócrata.

Otra protagonista destacada era la abogada sanrafaelina Susana Sanz, quien oficiaba de secretaria del congreso y generaba una encendida defensa de la participación de las mujeres cuestionando duramente a Isabel por haber vetado un proyecto de equiparación de la mujer con el hombre en cuanto a los derechos de la patria potestad.
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Para entonces, esa participación femenina de la que hablaba Susana Sanz era puro ardor de la llama de Evita y la revolución peronista en cientos de mujeres adherentes y un puñado de referentes políticas. Tal ebullición duraría un ciclo corto pero intenso, de tres o cuatro años de militancia donde unas y otras pudieron reconocerse como “discípulas de Evita”, hasta que la cúpula de Montoneros decidía tomar el camino de la clandestinidad y la lucha armada.

El repaso sobre ese ciclo suele tomar densidad justamente allí, en esa franja de los que tomaban decisiones o eran como Martínez Baca, figuras de alta exposición pública; no es el caso de la protagonista de esta historia, Ángeles Gutiérrez de Moyano. Su participación en el Partido Peronista Auténtico fue más bien relativa, aunque sí fue parte de la conducción desde sus inicios, integró la junta provincial y estuvo presente en el congreso de Córdoba.

El elemento fundamental, lo más rico y notablemente diferenciador de tantos militantes que se movilizaron con la Tendencia Revolucionaria, radica en la condición de líder de esta mujer entre los años ’50 y ’60. Es decir, mucho antes que las bandas de la UOM hicieran su aparición y, con ellas, el verticalismo y el llamado “peronismo traidor”, aquel que revelara su esencia corrupta así como su carencia de representatividad dando lugar a esa etapa de descomposición que el Partido Peronista Auténtico se ocupara de denunciar junto con la gestación de la represión a los movimientos juveniles que ese espacio convocaba para gestar, en un sentido completamente contrario, un Frente de Liberación Nacional y Social como continuación de la revolución de Perón y de Evita.

De la Merced a la CGT
Con el diminutivo queda sellada la memoria de una carismática personalidad, sinónimo de valentía, coraje y admiración. Fue “Angelita” para todos sus afectos, desde que se formó con las hermanas Mercedarias hasta que cumplió dos períodos consecutivos al frente del Sindicato del Magisterio y aun después de jubilarse. En lo primero mucho tuvo que ver la educación de sus padres, católicos ambos: Gabriel Gutiérrez González y Ángeles Gómez Zalmerón, dos españoles que emigraron en 1917 aunque decidieron retornar poco después. Dado que Gabriel era republicano, en 1930 está nuevamente radicado en Mendoza, muy cerca del colegio San Pedro Nolasco de las Hermanas Mercedarias, escuela secundaria que le permite a Ángeles ser la primera camada de docentes egresadas de un colegio privado.

En 1937 Ángeles inicia su carrera como docente. En la década siguiente forma un matrimonio con César Moyano y tienen dos hijos, Blanca Estela y Miguel Ángel. A César nada atinente a la política le despierta interés, mas percibiendo que no pasaba lo mismo con Ángeles, su decisión fue no ponerle obstáculos de ningún tipo y dejarla hacer lo que ella tuviese ganas de hacer.

En 1951 se funda, en la sede de la CGT, el Sindicato del Magisterio, bajo los principios del justicialismo social. María Elena Moyano de Blanco será la presidenta de ese año, mientras que Ángeles Gutiérrez de Moyano es designada vocal suplente. A partir de allí la actividad será intensa ya que tras pasar por tres escuelas es nombrada directora de la escuela Hogar Carmen Ponce de Videla.

Nada será igual desde entonces. Desde allí ve crecer los primeros asentamientos bolivianos y peruanos del Campo Flores y Campo Olivares, desde los límites de la Universidad Nacional de Cuyo hasta los fondos de la Penitenciaria Provincial. Los habitantes se iban instalando de manera caótica, empujados por la necesidad de trabajar en la viña o en la construcción. La escuela ubicada en una de las rotondas del parque General San Martín se hallaba vinculada al modelo “paternalista” y asistencial de las religiosas que habían asumido desde antaño el cuidado de los niños huérfanos o abandonados –la escuela se había fundado como anexa a la Casa Cuna y al Asilo Monseñor Orzali. No obstante, se consolidaba otro modelo desde un pequeño local de Emaús fundado entre otros, por el padre de la orden jesuita José María Llorens.

A fines de 1958, Llorens (“Macuca” para los amigos) se instalaría vivir en el extremo oeste de esos campos, fundando entre el basural un barrio obrero mediante la primera y gran experiencia de cooperativa y ayuda mutua. Ángeles se volcó a ese otro modelo “desde adentro y desde abajo”, alfabetizando adultos, trabajando codo a codo con Llorens quien sostenía que “nunca una madre podrá educar a un hijo a quien desprecia y nunca una maestra podrá educar al alumno a quien considera un mogólico. Esa es una mentalidad opresora y capitalista según la cual los que pertenecen al pueblo subdesarrollado son totalmente incapaces de ser agentes de su verdadero desarrollo, quedando a los cultos la tarea histórica de colaborar para que los primeros lo alcancen”, expresaba Llorens. A lo que agregaba: “La experiencia dice a las claras que los líderes de las comunidades que asumieron que su desarrollo nunca puede venir de sus opresores y que toda marginación es producto injusto de una estructura preparada para salvaguardar los intereses y los privilegios de unos pocos en la sociedad, fueron infaltablemente acusados de extremistas y subversivos, siendo perseguidos hasta la tortura, la cárcel y el asesinato”.

Fue el caso de Ángeles Gutiérrez de Moyano. La infatigable educadora sería secuestrada cerca de su casa en 1977 sumándose a la larga lista de desaparecidos. Antes de pasar al relato de ese martirio es importante destacar lo que sería el mayor motivo de orgullo para su esposo e hijos: la acción al frente de la secretaría general del Magisterio. Afortunadamente, varias fotografías documentan ese paso por la historia grande de estos trabajadores organizados y es Estela, su hija, quien las atesora y enseña a poco de declarar como testigo en el tercer juicio de lesa humanidad donde actualmente se trata la causa .

Cristianismo y revolución
Entre 1965 y 1966 Ángeles trabaja intensamente para la personería jurídica gremial nacional del sindicato del Magisterio. En los viajes a Buenos Aires va acompañada de sus estrechos colaboradores como Alicia Peralta y Asdrúval Quintana. También con Gladys Amstuz participa de la Confederación latinoamericana de educación en Chile y viajan tres años después a Salta, también a una de las tantas asambleas latinoamericanas de educación que se hacían en el país con la idea de revisar la relación educando-educador en el contexto político y social de Latinoamérica.

En 1968 habrá motivo de celebración ya que la conducción inauguraba sede propia, en la calle Montevideo, sede que será uno de los epicentros activos de las protestas durante el Mendozazo, en 1972.

Estela cuenta que por entonces veía a su madre siempre trabajando, siendo notable el liderazgo de su personalidad y el feeling que tenía con la juventud. En el gremio, era tan valiente como emprendedora. Recuerdo que una maestra amiga de ella que era la secretaria de la escuela Ponce de Videla le decía siempre: “Angelita, sueño con tus talones”.

“Lo decía porque ella siempre iba adelante cuando se iban caminando desde las respectivas casas hasta la escuela, y después de la escuela por todo el campo Flores y Olivares, y al cabo de esas caminatas nunca estaba cansada, siempre quería seguir y seguir”, recuerda Estela.

¿Qué de dónde sacaba fuerzas? Para Estela, “todo prevenía del compromiso con el necesitado y de su fe en Dios, fe que la llevó a tener una generosidad con el prójimo sin igual”. Mientras Estela habla aparece entre las fotografías una de fines de 1960, en la capilla del Buen Pastor y en el comedor de las monjas de la misma iglesia de la Quinta Sección. Era una iglesia cercana a la casa donde por entonces vivían. Pero fue curiosa la historia. En palabras de Estela: “Se trataba de una iglesia con monjas como de clausura, que siempre estaba cerrada. Fue a instancia de mi madre y de una amiga de ella que un buen día la capilla se abre a la gente del barrio y el cura –su nombre era Antonio Portero– da misas todas las tardes. Ese cura será su confesor y tiempo después se revela su carácter terriblemente ambicioso; ya en dictadura supimos que se hizo capellán de la Aeronáutica y actuó en la cuarta brigada de infantería. No atendió ninguna de nuestras consultas, no la buscó, como sí lo hizo el cura Baños o las monjas de la Iglesia de la Merced –las Hermanas Mercedarias– apenas enteradas de nuestra búsqueda desesperada, lo cual hace pensar en la posibilidad de que tal vez fue él quien la entregó”.

Estela cuenta que su madre no hablaba mucho de política en casa. En ella se ocupaba de todo, de inculcar siempre a sus dos hijos las enseñanzas de Jesús, y de criar también a las dos hijas de un inmigrante boliviano que había enviudado y no sabía qué hacer con las niñas.

En 1973 el grupo familiar se muda a un departamento céntrico y Ángeles se ocupa de abrir un negocio: se trata de la florería Le Petit Garden, en Avenida España y San Lorenzo. Ese año conoce a su vecina Susana Sanz, recién instalada de San Rafael. Según cuenta Susana, de inmediato se entabló “una relación muy linda y afectiva, ella siempre preocupada en si había comido o no, o lo que necesitaba. Entre charla y charla de lo que más se hablaba era de la actividad política”.

En junio de ese año Ángeles participa de la movilización en Ezeiza a la espera del retorno del General Perón y en octubre es designada por el subsecretario de educación Julio César Carricondo coordinadora de educación media y superior ante el Primer Encuentro de Mujeres Cooperativistas. Era la gestión de Alberto Martínez Baca, un peronista que compartía plenamente, como Ángeles, los ideales del frente de liberación nacional y social.

Entre los papeles que se conservan de Ángeles hay un par de fichas escritas a mano que desarrollan ese ideario, en clave doble: por un lado, en clave política y por otro, en clave religiosa. El primero es titulado de forma ambigua ya que dice: “Partido Peronista Auténtico o Frente de Liberación”. Se trata de un llamado a integrar el movimiento nacional peronista o Partido Peronista Auténtico o frente de liberación (se ve que tales eran las opciones que se barajaban antes de que el partido se formalizara en varios distritos electorales y perdiera finalmente el nombre “Peronista” por una acción judicial del Partido Justicialista y en definitiva quedase apodado El Auténtico.

Angelita escribió, no se sabe si para sí o para otros militantes o posibles adherentes: “Mientras en nuestra Patria haya gente que sufre, seres oprimidos y marginados, mientras subsistan las divisiones nacionales de cualquier tipo, mientras se siga midiendo a las personas con criterios de eficacia económica o política, mientras la igualdad y la participación no sean reales en todos los campos de la vida nacional no podemos permitirnos ni el descanso ni las desuniones en aquello que toca lo esencial de nuestra misión. Es deber de todos en todas las instituciones, u organismos donde se encuentren, el tenderse la mano, el juntar sus fuerzas y unirse sus voces cada vez que se trate de impulsar o defender lo más vital e íntimo, lo que nos interesa en común, los valores de la auténtica liberación y solidaridad”.

En 1974, el mismo año en que es destituido Martínez Baca, fallece César, su esposo. Cuenta Estela que una sorprendente cantidad de gente fue a darle sus condolencias al departamento. Poco a poco, debido al pase a la clandestinidad de casi todos los miembros del partido y la decisión de Isabel Martínez de declararlo ilegal, los contactos se hacen remotos, casi que desaparecen. Es ahí que Ángeles tiene la iniciativa de visitar a los que estaban presos, lo mismo hacía Macuca Llorens.

Sobre esa etapa en la que Ángeles doblaba en edad a muchos militantes, varios testimonios concuerdan en señalar el rol de contención emocional que ejerció en momentos tan difíciles. Otra vez vale la pena transcribir lo escrito de su delicado puño y letra. Debajo de un espacio en blanco que nada anticipa dice así: “Debemos comprometernos para que nuestro proyecto permita no solamente profesar nuestra fe en Dios sino también vivir efectivamente conforme a la libertad a la que todos los hombres tenemos derecho según nuestra vocación de persona. Representa la culminación del ideal a la personalidad libre porque ser libre equivale a poder sentirse en el mundo y en la sociedad humana a sus anchas como en la casa del propio padre, es el hijo el emancipado la verdadera antítesis del esclavo, el esclavo emancipado ha cortado ciertas cadenas exteriores pero no necesariamente ha cambiado su corazón de esclavo, y permanece por lo mismo, en peligro permanente de caer en nuevos amos o convertirse a su vez en esclavizador de los otros.”

Apunten a Ángeles
En las semanas previas al secuestro del 20 de abril de 1977, Ángeles tuvo un aviso serio de persecución. María Elena Moyano de Blanco había sido secuestrada, llevada al D2 y luego liberada en su casa cuando los represores se dieron cuenta de que no se trataba de Ángeles Gutiérrez de Moyano. La confusión fue advertida por el fiscal Dante Vega, ya que se deduce de las causas que se investigan. Según Estela, “ambas eran muy parecidas físicamente, las dos eran docentes, las dos peronistas”.

Ocurrió que en el interrogatorio le preguntaron a María Elena por su rol como congresal del partido, ahí descubren la confusión respecto de su amiga. Se produjeron silencios, vacilaciones de los torturadores, uno de ellos comentó: “Ha habido una confusión con usted” y es entonces que la liberan y María Elena le cuenta a Angelita lo sucedido, diciéndole además que se vaya, que ella había sido detenida en su lugar. Ángeles contestó que no tenía por qué irse a ningún lado, que estaba tranquila y nada había hecho como para escapar.

También Miguel Ángel advirtió con preocupación la persecución a su madre. Estaba preocupado, sabía que corría peligro y que estaba desapareciendo gente. La noche del 20 de abril de 1977 Ángeles y su hijo cierran tarde la florería de calle España y San Lorenzo, cerca de la medianoche se separan en la puerta del negocio, la madre por España hacia su casa de calle Espejo, el hijo junto a un amigo por San Lorenzo hacia el Oeste. Entre Rivadavia y Sarmiento, Ángeles es interceptada por un Renault 12 blanco, del cual descienden personas armadas que la toman por la fuerza, ella grita su nombre, que avisen a su hijo, que es la dueña de la florería.

En la entrada del cabaret Tiffany's alcanza a ver a un hombre, potencial testigo del hecho. Él sale en su defensa y de otro vehículo apostado con más individuos armados lo amedrentan. Los vehículos se van, el testigo –Oscar Savarino– camina 150 metros hasta Investigaciones, donde le rechazan la denuncia. Vuelve al cabaret y narra lo que presenció a dos mujeres. Son ellas las que al día siguiente –al escuchar por la radio en un taxi el pedido de la familia por información sobre la secuestrada, y a instancias del taxista– contactan al hijo de Ángeles y le cuentan todo lo que había pasado.

“Se escribieron cartas a Videla, a Massera, a Agosti, a Harguideguy, a Lépori, a Maradona, al Papa, al representante de los derechos humanos en Estados Unidos, a la Organización de Estados Americanos, a la Cruz Roja Internacional. Ante la constante negativa del obispo Maresma a atendernos –relata Estela–un día llamo por teléfono y me atiende. Le cuento que tengo a mi madre desaparecida y él me contesta que tiene una cena y no tiene tiempo de atenderme, por lo que reaccioné gritándole ‘usted es un sepulcro blanqueado, la vergüenza de Jesucristo’”.

Durante la audiencia del mes de noviembre, el fiscal Dante Vega aportó que la ex detenida Susana de Porras habría visto fugazmente y por comentarios de los policías a Angelita en el D2. Fue la primera noticia en este sentido que les llega a los familiares. Antes de eso tenían la versión de un responsable de seguridad de una empresa militar según la cual Ángeles había muerto en un interrogatorio en Córdoba tras fallarle el corazón.

A todo esto Miguel Ángel también fue reprimido tras el secuestro. Era constantemente acosado por un auto sin patente y un mes después la vivienda donde se encontraba era allanada. Un día lo despiertan con un arma en la cabeza y sin dar explicaciones se van. Otro día es citado por una persona que dice venir de Córdoba y le indica que su mamá estaba allá, que había que hacer algo y rápido. Miguel Ángel y Estala viajaron en julio al III Cuerpo del Ejército a pedir entrevista con los generales Maradona y Santiago. Ambos dijeron saber quién era ella, que era del Peronismo Auténtico, que militaba con Martínez Baca, y tras ese reconocimiento aseguraron que era “comunista, y que como todos los comunistas debía estar fuera del país”.

Por si esto fuera poco, una prima de Estela le habría pedido por su tía al juez Guzzo, uno de los que rechazó el habeas corpus en la justicia federal, y este le realizó proposiciones sexuales para brindar datos sobre su tía, de lo contrario, la familia “nunca más sabrá nada si depende de mí”.

Por pertenencia y contacto con las monjas y sacerdotes mercedarios, los hermanos –Estela y Miguel Ángel– se dirigen al Buen Pastor de Córdoba y ahí la madre superiora les dice que no había presos políticos en la provincia, sin embargo, en los techos del convento estaban apostados en ese momento uniformados del ejército con armas largas. Estela recordó que las monjas del hospital militar, donde acudió en diciembre de 1977, ante un anónimo en el que decían que allí estaba su madre, también dijeron desconocerlo todo.

En el 2002 el instituto de investigación pedagógica del SUTE decidió llevar el nombre de Ángeles Gutiérrez de Moyano y luego, en el 2006, en la escuela Carmen Ponce de Videla la Dirección General de Escuelas colocó una placa que la recuerda. Ese mismo año, su hija y sus cuatro nietos participaron de un acto en la Plaza San Martín que organizó el SUTE y se hizo memoria por ella y los 30 años del golpe militar.

Este año, durante el transcurso del juicio, se conocieron más detalles respecto de los últimos momentos de Ángeles. Fue a raíz de tomarse testimonio a Francisco Javier González, quien lo hizo por teleconferencia desde la embajada argentina en Madrid. Francisco González fue obrero textil, militaba en el peronismo de base y estuvo detenido al igual que sus dos hermanos, uno de ellos desaparecido. El testigo contó que vio por última vez a Ángeles días antes de ser secuestrada, que la visitó en la florería y le consultó por Pablo Guillermo González, su hermano secuestrado por esos días. Caminaron por Plaza España; hablaron de las desapariciones cercanas y masivas, del futuro, “el futuro era muy malo para nosotros, para todos”, dijo. Y agregó: “Yo todavía creía que para Angelita no, todavía no, porque era una persona ajena a la violencia, que no la iban a tocar”.

A Francisco le llamó la atención que Angelita le dijera que si a ella le sucedía algo cuidara a Gringo –su hijo menor. También la notó más afectiva que de costumbre, “me abrazaba, me daba besos”. En ese momento el testigo vio pasar por calle 9 de Julio un auto pequeño. Desde el interior una persona los miraba, lo reconoció como el mismo que lo había detenido a él, el 22 de septiembre de 1976: “Era un hombre pelirrojo, delgado y alto, con pecas y una cara muy particular, de unos 35 o 40 años”, y le dice a Angelita que le parecía raro. Ella le restó importancia: “Ves visiones, por aquí pasa todo el mundo”. “Lo volvimos a ver al rato, ‘será cierto’ dijo Angelita, y la dejé en su casa. No la volví a ver más”, precisó Francisco.

Veintitrés, 03 – 01 – 13

La Quinta Pata