domingo, 3 de febrero de 2013

Una huerta como espacio de libertad

Reclusos realizan una huerta en el complejo carcelario de Boulong Sur Mer de Mendoza.

El programa Jorge Contreras de la UNCuyo busca transmitir la entrega generosa y el trabajo con los sectores populares y por los derechos humanos de dicho referente social de Mendoza. Este programa está orientado a garantizar la continuidad y estabilidad en la articulación entre actores universitarios y actores que trabajen en la atención de alguna vulnerabilidad social. Este vínculo entre los protagonistas de las organizaciones sociales y la universidad posibilita el encuentro y el diálogo entre las prácticas académicas y las prácticas sociales.

Es así como una de las acciones concretas es la realización de la huerta en el patio de la cárcel, en un área denominada “zona muerte” donde anteriormente se elaboraban baldosas y que ahora, luego de romper el cemento y preparar la tierra con mucho esfuerzo nacen verduras y frutas producidas de las manos de los internos, algunos de ellos con experiencia en el trabajo rural y otros aprendiendo de la actividad. En la siguiente nota compartimos una entrevista que realizó la institución a miembros del programa padre “Jorge Contreras”, estudiantes universitarios y reclusos que participan. Por directivas del establecimiento se solicitó no dar los nombres de los internos, citando solamente su testimonio.

Sobre el proyecto nos explica Gonzalo Navarro del programa “Padre Jorge Contreras” de la Secretaría de extensión universitaria de UNCuyo que “trabajamos en el barrio La Gloria, en el barrio Yapeyú en Las Heras y el año pasado, a partir de una motivación de estudiantes de la carrera de ciencias agrarias, la secretaría de extensión y el complejo Boulong Sur Mer vinimos con la propuesta de hacer una huerta en la cárcel. La idea es vincularse en una instancia de aprendizaje, los estudiantes de la Universidad de distintas disciplinas junto con los detenidos que hoy les toca por una situación particular estar acá, ojalá que mañana no y en una instancia de diálogo aprender juntos lo que es el trabajo con la tierra. Y esto para nosotros como universidad que estudiantes universitarios puedan hacer un aprendizaje real en un contexto como este es una gran experiencia”.
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Sobre el lugar donde se siembra la huerta sostuvo: “contar que esto donde estamos ahora que se le llama la zona muerta, porque antes era un lugar donde hacían baldosas era todo cemento, romper con esa estructura, y nosotros decimos que estas experiencias generan porosidad en estas instituciones totales que a veces les cuesta abrirse a nuevas experiencias, bueno, los compañeros tanto los estudiantes como los detenidos se han encargado de hacer de este cemento un lugar de tierra y de vida”.

Uno de los reclusos compartió su experiencia: “se inició este proyecto el año pasado, me hablaron las autoridades del penal y como yo sabía trabajar en el campo, hicimos como realmente se trabaja en el campo que lo primero que se hace es preparar la tierra, ver los niveles, regar y volver a ver, si hay un desnivel acomodarlo hasta que quede bien y así lo hicimos acá, hasta que lo surqueamos y pensamos qué es lo que le íbamos a poner y comenzamos. Gracias a Dios se dio bien acá el cultivo, el año pasado cosechamos un buen tomate, de todo lo que se ha plantado se ha dado bien y ahora estamos haciendo nuevamente lo mismo que el año pasado, pero nos falta un poco más de ayuda, como es tierra porque acá no hay mucha en condiciones. Y así se trabajó con todos los compañeros del penal”.

Y un aspecto que trasciende el trabajo concreto, que despertó la acción nos la relata el interno: “el que sabe valorar este lugar es como que se siente libre acá, no es como estar adentro del pabellón, para el que realmente sabe valorar y tener conducta y saberlo mantener es realmente hermoso porque al lado de una producción hay vida, lo que uno siembra come, saca fresco del día. Eso es lo que tienen que valorar los compañeros de trabajo. Es como yo siempre les he dicho a ellos que tienen que tomarlo como un trabajo en serio, como tiene que ser, para que se vea bien”.

Otro recluso comparte: “me sumé al proyecto porque salía a hacer la fajina y nos parábamos a tomar mate cerca de la huerta y le dijimos que si quería que lo ayudáramos a hacer los surcos y poco a poco seguimos. Llegaron los estudiantes, nos pudimos anotar y ya quedamos en los libros, y así quedamos. Pasó el tiempo, empezamos a sembrar de a poco y ahora vemos el resultado. Al principio no creía porque usted cavaba y salían escombros. La verdad es que te da gusto porque salís aprendiendo algo, el día de mañana podes hacerte una chacrita en tu casa, en un lugar chiquito, y lo podés hacer. Y también no estar dentro de un pabellón cambia mucho”.

Federico Pía, estudiante de ciencias agrarias de la UNCuyo que participa en la experiencia señala: “me incorporé desde el principio en el proyecto, empezamos a diagramar junto al personal del penal cómo iba a ser el trabajo en la huerta. Ha sido para mí muy enriquecedor tanto a nivel personal como profesional. La experiencia de cada uno de los internos, de la experiencia del día a día, de las charlas ha sido muy rica para mí”. Y para José Folonier, también estudiante de ciencias agrarias, dice: “como estudiante la experiencia de trabajar en el campo con gente de campo que sabe es totalmente novedoso, por eso nos viene muy bien para salir teniendo experiencia. De pequeñeces que se hacen en el campo, técnicas y secretitos que los muchachos hacen para solucionar problemas nos ha enseñado un montón. Y la parte personal, estar compartiendo con ellos es muy lindo”.

En este marco, la Subsecretaría de agricultura familiar de la nación apoyó la iniciativa a través de un subsidio con el cual se realizaron trabajos de remoción de tierra y compra de tierra preparada para ampliar la huerta.

Boletín Agricultura Familiar Mendoza Nº 20, 03 – 02 – 13

La Quinta Pata

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