domingo, 15 de junio de 2014

Las enseñanzas de los macarras de la moral

Évelin Torre

En estos días se conoció la noticia de que un ex alumno del colegio Don Bosco, denunció que fue abusado sexualmente en el edificio de calle Córdoba y en la casa que la institución tiene en Rodeo del Medio, donde funciona la Facultad de Enología. El denunciante acusó al director de aquella época, a quienes sus superiores le asignaron un nuevo destino laboral: Paraguay, donde se desempeña al frente de un hogar que alberga a menores en recuperación.

El caso viene a engrosar la larga, larguísima, lista de abusos sexuales cometidos contra menores por miembros de la Iglesia católica y que ha provocado una de las mayores crisis en su seno.

Y esta crisis ha sido cara para la Iglesia, pues ha desencadenado una importante pérdida de creyentes. Y ello no es de extrañar, pues esta institución aún alberga en su seno a voces como la de Robert Carlson, arzobispo de St. Louis, en estado de Missouri (Estados Unidos), quién recientemente testificó bajo juramento que en la década de 1980, mientras ejercía como obispo auxiliar en Minnesota, no tenía conocimiento de que el acoso sexual a niños era un delito.

Pero volvamos a las tierras mendocinas, las mismas que engendraron al llamado “Padre Pato”, aquel que sostuvo que “la violación de la fe es diez mil veces peor que la violación de una hija”.

En nuestra provincia, el oscurantismo religioso sigue marcando la cancha en aspectos trascendentales de la política, situación que se ha llegado a ser alarmante en el sur, allí donde la actividad del llamado Verbo Encarnado llegó a ser tortuosa, tanto que el Vaticano ordenó su disolución. No obstante, sus devaneos ideológicos siguen muy vigentes.

Permanentes son las denuncias acerca de la injerencia de la Iglesia en la educación pública y, especialmente, sobre su oposición a la educación sexual. También es la Iglesia la que ha marcado el rumbo en materia de aborto, al punto de que Mendoza aún carece de protocolo que asegure una atención rápida y segura en los supuestos no punibles, tal como mandó la Corte Suprema de la Nación.

Y esto no es cosa nueva. La cúpula de la Iglesia Católica siempre ha estado vinculada al poder político, incluso en las etapas más oscuras de nuestra historia, tal como sucedió durante la última dictadura militar. Apoyando las pretensiones neoliberales y convirtiendo al capital en su dios, los prelados actuaron con un grado de responsabilidad pecaminosa al apoyar la represión, cuyo alcance y dimensión no podían desconocer, como han pretendido los distintos miembros de la curia que han sido citados a declarar en los juicios por delitos de lesa humanidad que se han llevado a cabo en la provincia. Así, monseñor Rey, quien en la década del ‘70 era capellán del Ejército y una de las máximas autoridades de la Iglesia mendocina, u Oscar Moreno, designado capellán mayor de la policía provincial en julio de 1976.

También recordemos el caso del cura Franco Revérberi Boschi, ex capellán auxiliar del Escuadrón de Exploración de Montaña VIII de San Rafael y acusado por crímenes de lesa humanidad en nuestra provincia, quien actualmente reside en Parma, Italia, al amparo de su doble nacionalidad, la que utiliza para evitar su extradición.

Lo cierto es que el poder de la Iglesia es innegable aún en la actualidad y el mismo se ha visto reforzado con la imagen de un Papa renovador y protector de los pobres, pero que aún no ha dado claras señales de reformas estructurales. En esencia, es la misma institución opresora de la Edad Media que impone sumisión, silencio y ejercicio de la obediencia ciega y sin réplica a la autoridad eclesial, bajo la amenaza de sufrir la ira de un dios apocalíptico.

Recordemos que hace unos meses el Comité de la ONU sobre los Derechos del Niño dio a conocer un informe en el que acusó al Vaticano de tapar los abusos sexuales contra menores, privilegiando "sistemáticamente" la reputación de la Iglesia Católica por encima de la protección a los menores.

La cúpula de la Iglesia, una vez más, respondió con el silencio

El mismo silencio que recibió el ex alumno de Don Bosco, que acudió a los tribunales provinciales luego de que la orden religiosa le ocultara la información relativa al proceso canónico de investigación interna, iniciado después de su presentación del caso en el fuero eclesiástico, violentando así su garantía constitucional a defenderse en juicio.

Una vez más, los macarras de la moral dieron su clase de catolicismo.

La Quinta Pata

1 comentario :

Rolando Lazarte dijo...

El abuso sexual contra menores debe ser combatido dentro y fuera de la Iglesia. reo que si hay un interés real en combatir este tipo de crimen, debería focalizarse también la prevención, pues el abuso sexual dentro de las familias es mucho más frecuente de lo que se cree.

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