domingo, 12 de octubre de 2014

Atropellos policiales

Roberto Vélez

Pese a que los tormentos se desterraron legalmente hace 200 años y a la no existencia de la pena de muerte en Mendoza uniformados torturan y ejecutan.

Un joven de 25 años ha sido asesinado por un efectivo policial.

Diariamente suceden hechos similares.

Hace unos días les tocó a jóvenes universitarios ser atropellados por la policía en el predio de la UNCuyo.

Un preso acusado de violación (al que por obvias razones nadie defiende) fue asesinado en su celda con el no creíble argumento de suicidio.

Dos semanas atrás jóvenes que trabajan cuidando y limpiando autos en la plaza Las Heras, fueron objeto de apremios por parte de la policía. Encima, a las horas se supo que todo resultó ser producto de un error. Amén de los despropósitos que se producen al interior de la fuerza.

En paralelo el jefe policial Juan Carlos Caleri, con más espíritu uniformado que democrático, nunca sabe nada o informa que los procedimientos son regulares.

Y acá está la cuestión.

El problema está en la cúpula policial avalada por el poder político. Es sabido que el Ministro forma parte de la saga que efectivamente dirigen Ciurca y Miranda.

La policía esta crecientemente fuera del control democrático.

Cuando hay reacciones viriles frente a la humillación, se desencadenan dramas.

Aunque visto está, están cebados y la emprenden con quien les place.

Al Gobernador Perez, la milicia se le ha ido de la mano. Pese a sus contradicciones con el efectivamente jefe policial, Ciurca, debe poner en caja a la fuerza.

Los Legisladores deben eliminar las 12 horas de poder para los uniformados. Con la tecnología que tienen a disposición, en 5 minutos tienen toda la información necesaria para saber quién es quién. Se impone la derogación de la ley 6722-art.11-inc.3. Y eliminar la potestad policial de retener carnet de conducir.

El Poder Judicial tiene responsabilidad por acción u omisión. Más allá de las excepciones de toda regla, los fiscales o brillan por su ausencia o se mimetizan. Lo cierto es que la policía es auxiliar de la justicia. Nada más ni nada menos.

No estamos frente a bolsones ni hechos aislados como afirman algunos adictos al Gobierno. Son prácticas generalizadas y sistemáticas.

Y esto ocurre porque desde arriba, se toleran. Cuando no se incentivan

Un Jefe Policial que no hace mucho cesó en funciones, en sus tertulias intimas, decía refiriéndose a la delincuencia: “el poder está en la punta de esta pistola”. Y la exhibía.

Simultáneamente en lo que a inseguridad e investigaciones exitosas relativas respecta, muy poca eficiencia. Son dos caras de la misma moneda: ineptitud y atropellos. La policía es sin duda parte del problema de la inseguridad pública. No de la solución.

La Quinta Pata

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