domingo, 12 de octubre de 2014

Los debates económicos (y políticos) ausentes

Carlos Almenara

Quien contraste los debates políticos actuales con los de tiempos pasados seguramente encontrará una sustancial pérdida de calidad. Sin lugar a dudas tiene que ver un modo de plantear los litigios.

Discursos descontextualizados, deshistorizados, carentes de estadísticas y categorías teóricas, faltos de explicaciones estructurales, desconectados de los procesos globales y regionales no pueden explicar demasiado.

A cambio tenemos una frondosa especulación acerca del humor del juez Griesa, sobre la psicología de los fondos buitre, sobre lo desconcertante de la figura del desacato, tenemos muchas supuestas historias de enojos, enfrentamientos, discusiones, internas. El triunfo de la anécdota (muchas veces inventada) sobre el concepto.

El ataque especulativo adopta estos patrones.

Cambió el presidente del Banco Central y todo lo que atinan a decir los medios opositores (que son los mejores opositores y los que crean el relato que luego actúan los políticos) es sobre su “pelea” con la presidenta. Lloran la pérdida del supuesto “único reservorio de racionalidad económica”. Una cantinela semejante acompañó el acantonamiento de Redrado en el mismo sillón.

Si cómo epítome de la discusión sobre la pobreza en Argentina tenemos los testimonios del equipo de Lanata que viaja a Formosa o Catamarca para decir que hay necesidades básicas insatisfechas mientras la imagen queda clavada en el burro (supongo que lo habrán imaginado como el ícono máximo de la miseria), esa discusión no tiene destino. No tiene destino porque como dije más arriba no tiene contexto, no tiene historia, no tiene estadísticas ni categorías, no explica, no relaciona.

¿Y entonces qué hace?

Enfurece. Quiere llenarte de bronca.

No a todos, o no a todos del mismo modo. Algunos militantes se disfrazan de independientes y se montan en el supuesto discurso de “las gentes bien”.

Sin embargo los dilemas son ineludibles. Cuando Macri, Massa, Cobos, Binner, Sanz, postulan bajar las retenciones a los granos aparece cuál es el paradigma desde que miran el país. Lo que Binner llamó recientemente como las virtudes de la “mano invisible del mercado”. Macri, que viene de ese palo, no lo hubiera dicho tan claro.

El modelo propuesto, ¿se sustenta en la idea de la que los “óptimos económicos” se alcanzan con el libre juego de oferta y demanda o pretende un Estado que intervenga?
¿El Estado hará un esfuerzo activo para desarrollar la industria o dejará que los empresarios decidan libremente?

Todos hablamos de la pobreza, ¿pero qué prevén los programas para atacarla? Específicamente ¿se mantendrá la Asignación Universal?

¿Se piensa que el Estado debe disminuir la desigualdad o se dejará ello librado al “esfuerzo individual”?

En realidad estas no son todas las preguntas, seguramente tampoco son las mejores pero incluyen discusión sobre la materia de la política, sobre qué harían los que quieren gobernar.

¿Porque, qué sentido tiene discutir sobre los modales de algún hipotético futuro presidente?

La específica materia política (y también la económica, pues sólo se puede hablar de economía política) es el análisis de cómo se afecta, evoluciona, etc., la sociedad que se estudia, analiza, pretende gobernar, etc. No es de ningún modo casual que la única agenda mediática y opositora (que es lo mismo) sea la supuesta corrupción de la política, pero no de cualquier política sino precisamente de la que pone la lupa en las corporaciones. No es casual que veamos una catarata de robos y homicidios que nos dan pánico pero nos impiden reflexionar sobre cómo construir una sociedad más pacífica.

En definitiva todo este griterío mediático y opositor es una manera de decir que no tienen nada. Que no pueden discutir sobre su proyecto. Que siguen teniendo la misma idea del presidente de los noventa que sostenía que “si hubiera dicho lo que iba a hacer no lo votaba nadie”.

Finalmente hay dos, y no más de dos aún con matices, Argentina en disputa. Y cualquier hilo del ovillo del que tiremos lleva a la misma conclusión. Están desesperados porque nunca les había quedado el juego tan al descubierto.

La Quinta Pata

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