domingo, 12 de octubre de 2014

Mediocracia

José Figueroa

“El hombre que nunca
mira un periódico
está mejor informado
que el que los lee"
Thomas Jefferson

En agosto de1994 –hace ya 20 años- se organizó en España una conspiración contra el Presidente Felipe González, con el manifiesto objetivo de demoler el gobierno del PSOE, evitar que ganara elecciones e instalar en su lugar, un régimen de derecha encabezado por José María Aznar. Los complotados fueron los directores de los principales diarios, televisoras y radios, más la participación de los principales columnistas de esos medios. Se autodenominaron “Asociación de Periodistas Independientes”. Pero pasaron a la historia con el apelativo irrefutable de “Sindicato del Crimen”. Cualquier parecido con lo que acontece en Argentina es… ¿mera casualidad?

ACTO PRIMERO: EL PREMIO

El año pasado, el “Premio Luca de Tena” que entrega desde 1929 el Diario ABC de España, le fue concedido, por unanimidad, a Antonio Burgos por su larga y dilatada trayectoria periodística. Burgos ingresó al Diario ABC hace 43 años y en 1984 fue nombrado Subdirector. Algo así como un autopremio. Este año, el máximo galardón se lo otorgaron nada más y nada menos que a Bartolomé Mitre, Director del Diario la Nación “por su trayectoria en defensa de la libertad de prensa”.

Siguiendo una tradición que se remonta a 1920, los premios internacionales de periodismo ABC de España, han sido entregados a cada galardonado de manos de cuatro generaciones de la Dinastía Real. En esta 94⁰ Edición, el Rey Felipe VI y la Reina Letizia presidieron la “Cena de los Cavia”, evento de gala en que se enmarcan los premios. La ceremonia es organizada por la Casa de ABC y la Casa de Su Majestad El Rey, por lo que se trata de un acto protocolar de alto rango.

Entre los más de doscientos invitados hubo ministros, alcaldes, empresarios, representantes de la cultura, invitados de otras casas reales de Europa, dignatarios, embajadores, políticos y representantes del periodismo español.

El Rey Felipe VI, al hacerle entrega del “Premio Luca de Tena” al Director de La Nación, afirmó ante la distinguida audiencia que " Bartolomé Mitre ha hecho de la libertad de expresión la norma primera de su libro de estilo y del diario La Nación. Además del nombre y apellido, heredó de su tatarabuelo, presidente de la República Argentina en la segunda mitad del siglo XIX, el matutino que hoy dirige. Desde su redacción, trabaja con valentía y determinación por afianzar el compromiso democrático no solo de su país, sino del conjunto de América Latina; algo que los que nos sentimos genuinamente Iberoamericanos -que somos cada día más-, apreciamos y agradecemos muy especialmente. Para él, la información es un derecho y una herramienta fundamental; indisociable de la educación y la cultura, los únicos patrimonios que no se devalúan y que incluso se revalorizan en tiempos de crisis”.

En ese marco, Bartolomé Mitre, tuvo la libertad de declarar ante aquella significativa audiencia –en forma elocuente y visiblemente emocionado- que “en pleno siglo XXI no faltan algunos gobernantes que, víctimas de su propia intolerancia, siguen buscando acallar a la prensa crítica. La Argentina, entre otros pocos países de América latina, no escapa a esa triste situación. Para encubrir los abusos de poder o los hechos de corrupción, se lanzan con llamativa frecuencia campañas sistemáticas contra el periodismo independiente. De acuerdo con el particular relato oficial de esos gobernantes, realizar investigaciones desde el periodismo equivale a desestabilizar, y expresar posiciones editoriales críticas supone una acción destituyente. Cualquier herramienta es válida, en la concepción de los gobiernos autoritarios, para restringir la libertad de prensa, para amordazar opiniones molestas a los oídos del poder y para disfrazar la realidad”. ..fue ovacionado.

Una libertad que en Argentina, nadie se la prohíbe…libertad que –vale aclarar- no tendría en España.

ACTO SEGUNDO: EL SINDICATO DEL CRIMEN

Usted se preguntará por qué comencé escribiendo sobre el premio del año 2013. Nombré allí a un tal Antonio Burgos, quien fuera galardonado el año pasado, en el mismo rubro que Bartolomé Mitre: “por su trayectoria en defensa de la libertad de prensa”. Ambos personajes –en opinión categórica del Jurado- han compartido y comparten las mismas cualidades: uno en España, el otro, en Argentina. Y aunque parezca un despropósito, ese Jurado del mayor premio al periodismo hispanohablante, no se ha equivocado en absoluto.

Corría el año 1994 en España. En una lujosa casa en Marbella (con campo de golf incluido) se reunían un lejano sábado 13 de agosto un Premio Nobel de literatura, tres directores de diarios, tres directores de radio y televisión y trece columnistas de diversos multimedios...veinte voluntades. Nacía la Asociación de Escritores y Periodistas Independientes (AEPI). La convocaron los dos máximos referentes del periodismo monárquico: Luis María Ansón (Director del Diario ABC), Antonio Burgos (Subdirector del diario ABC) y Camilo José Cela (colaborador del diario ABC y Premio Nobel de Literatura). Hicieron propia dicha invitación: Pedro J. Ramírez (Director del diario El Mundo), José Luis Gutiérrez (Director del Diario 16), Antonio Herrero (Director de la Cadena de Ondas Populares Españolas) y siguieron sumando adeptos. Finalmente, el Nobel aceptó la presidencia de la AEPI, el reverenciado Camilo José Cela.

Supongo que ya habrá ubicado (entre todos estos personajes) al galardonado Antonio Burgos. Presumo que también habrá distinguido al Diario que acaba de premiar a Bartolomé Mitre. Sigamos.

En ese momento en España, un tal Felipe González del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) venía de ganar tres elecciones consecutivas por mayoría absoluta. En 1982, obtuvo 202 diputados, en 1986 consiguió 184 escaños y en 1989 otra mayoría parlamentaria con 175 congresales. Cuando todo parecía indicar que perdería, en 1993 el PSOE obtuvo 159 diputados (16 menos para lograr la mitad del parlamento) pero pactó con Convergencia I Unió y pudo formar nuevamente gobierno. Estuvo trece años y medio en la presidencia del Gobierno, siendo tal periodo uno de los mandatos más largos de un presidente del gobierno en la historia moderna —y de toda la democracia— en España. Era invencible.


Y esta fue la razón que hizo que naciera la Asociación de Escritores y Periodistas Independientes (AEPI). Su propósito declarado fue impedir que Felipe González ganara las elecciones de 1996. En medio de una bonanza económica, el PSOE sólo podía ser echado del poder recurriendo a otras armas: las que le ofrecía el “Periodismo Independiente” a la derecha española, articulada en el Partido Popular capitaneado por José María Aznar. Y lo lograron.

ACTO TERCERO: LA CONFESION

Con el objetivo supremo de poner fin a la “era socialista” bajo la falsa apariencia de una regeneración ética de la sociedad y con la burda excusa de que estaban defendiendo los eternos valores de la libertad de prensa, hicieron caer sobre el gobierno del PSOE las siete plagas de Egipto. Un poco en broma y un poco en serio, otro periodista Juan Luis Cebrián (ex director de El País) los bautizó como “El Sindicato del Crimen” y fue una marca indeleble en la historia del periodismo español. Esta implicación del periodismo en la arena política, marca un antes y un después en la trayectoria del periodismo ibérico desde la recuperación de la democracia.

A sólo cuatro años de aquellas “operaciones especiales”, uno de los fundadores del “Sindicato del Crimen” contó todo en un reportaje de la Revista Tiempo. En su portada del 23 de febrero de 1998, aparecía Luis María Ansón con un título incontrovertible: “La Confesión”. Transcribo lo medular de esa nota donde queda en evidencia la conspiración política concertada entre influyentes medios de comunicación, periodistas, empresarios y banqueros para derribar al gobierno de Felipe González y no sólo eso: también para entronizar otro modelo.


“Mi etapa en ABC fue una etapa de crispación realmente terrible. Y no fue arbitraria. Existían poderosas razones para esa guerra fría. La cultura de la crispación existió porque no había manera de vencer a Felipe González con otras armas”.

“Hubo que elevar la crítica hasta extremos que a veces, afectaron al propio Estado”.

“González bloqueaba algo vital en una democracia: la alternancia”.

“Si González llegaba a ganar las elecciones del 96, no hubiera habido quien lo echase del poder hasta 2004. No salimos de 40 años de Franco para entrar en 30 de González”.

“La capacidad de comunicación, la fuerza política, la habilidad extraordinaria que tuvo siempre Felipe González hizo darse cuenta a muchas personas -yo era una de ellas-, que era preciso que concluyera su etapa. Como los ataques a González, muy fuertes en el 92-93, no terminaron con él, unos reflexionando, como me ocurrió a mí, y otros por pura intuición, vimos que era necesario elevar el listón de la crítica. Entonces se buscó ese mundo de las irregularidades, de la corrupción… No había otra manera de quebrantar a González. Aun así, perdió las elecciones por menos de 300.000 votos… Es decir, que estuvo a punto de no perder, a pesar de haber lanzado contra él una de las mayores ofensivas que se hayan desencadenado contra un político”.

“Me precio de haber hecho siempre un periodismo responsable en relación a cuestiones de Estado, pero llegó un momento en que opté por la salud del sistema”.

“No hay cultura democrática sin un péndulo político que funcione, sobre todo en un país que no ha tenido la prudencia de marcar límites al periodo de gobierno de un líder”.

“Por reflexión e instinto, los medios reaccionaron atizando algunas situaciones. Ese fue el caso de los conflictos y el papel de la Justicia. Al atizar el fuego en ese sector se favorecía la erosión de Felipe González… así que se hizo. Fue una operación de acoso y derribo. Algunos lo hicimos desde el convencimiento honesto de que ese era un servicio al sistema democrático. Lo cierto es que desde una labor crítica normal no se conseguía desalojar a González del poder”.

ACTO CUARTO: SINCERICIDIO

“No estoy llamando ni a un golpe ni a una rebelión ni nada. Hay que lograr en las urnas que esta gente se vaya. Tenemos que sacar a esta gente votando a otra gente, pero esta historia no da para más. Que pierdan una vez el inconmensurable poder que tienen y que nos está haciendo mierda. Hay que cambiar. Voy a hacer todo lo posible para que eso pase y yo les pido que hagan todo lo posible ustedes también”.

Aquellas palabras las pronunció el periodista Jorge Lanata el 25 de marzo de 2013. Como se trata de una declaración de guerra de parte de un periodista del multimedio más concentrado y poderoso del país (250 licencias) y una estratégica agencia de noticias (DYN), el “voy a hacer todo lo posible” desde aquella fecha hasta el presente, ha sido intoxicar a las audiencias de Argentina con investigaciones falsas, afirmaciones sin fundamento y blasfemias, apuntadas al corazón del gobierno nacional a través de Radio Mitre, Todo Noticias y su programa insignia PPT.

Como vocero privilegiado del CEO de Clarín –Héctor Magnetto- llegó hasta ofrecer en Nueva York, los micrófonos del multimedia al abogado Robert Cohen (quien representa a los fondos buitres que mantienen un reclamo contra el Estado Argentino) para que “dirigiera un mensaje al país”. Lanata es así, el periodista “estrella” en la guerra mediática contra el gobierno nacional, encabezado por la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

El portavoz del “periodismo independiente”, merced a su información privilegiada, tuvo un brote de impotencia que se tradujo en un nuevo sincericidio, esta vez contra quienes podrían ser el instrumento “legal” de recambio electoral que él tanto anhela: la “oposición”. Los insultó a todos.

Sin embargo, Lanata es el mascarón de proa del asedio mediático contra el gobierno nacional. Detrás suyo, viene todo un ejército de medios e intereses corporativos y muy detrás, la oposición política partidaria, que sin aquellos, no tendría casi ninguna relevancia electoral.

El martes 3 de agosto de 2010, el CEO de Clarín –Héctor Magnetto- ofreció una “cena” donde se encontraron en su mesa representantes políticos. El tema obvio fue cómo ganarle al kirchnerismo”. En fecha más cercana, nuevamente el multimedio organizó el 10 de junio del corriente año un “Ciclo de Debates Abiertos a la Sociedad, POLITICAS DE ESTADO PARA EL DESARROLLO DE ARGENTINA, Los desafíos pendientes del Bicentenario” en el MALBA. Allí, en ese escenario privilegiado, hicieron uso de la palabra todos los representantes de la oposición en calidad de “presidenciables”.

Si a ello se le suman los cuatro años de disputas judiciales vía “cautelares” para que en definitiva la Corte declarara la vigencia de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, vemos que en la práctica, dicha ley es aún impugnada por el conglomerado mediático y la reacción de los “presidenciables” ha ido siempre a tono con los intereses corporativos articulados entre los medios y la oposición. Ernesto Sanz quizá fue quien mejor planteó el horizonte de esta guerra de papel: “si somos gobierno, la vamos a derogar”.

¿Otro “Sindicato del Crimen”?

La Quinta Pata

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