lunes, 24 de noviembre de 2014

María Victoria Benítez y su ejemplo de cómo sobreponerse al dolor

Gustavo De Marinis

Linda historia la de los Benítez-Gómez, sanjuaninos de pura cepa. Linda por el ejemplo que dejaron, sobreponiéndose al dolor y a la tristeza de tener a una desaparecida en la familia. El conmovedor testimonio que dejó esta semana en el Megajuicio por delitos de lesa humanidad María Victoria Benítez permitió conocer detalles que sin dudas se repiten entre quienes buscan memoria, verdad y justicia, pero que es bueno reproducir.

María Victoria tenía un año y medio de vida cuando le arrancaron a su mamá, Elvira Orfila Benítez. Se la arrancaron porque en el momento del secuestro estaban juntas en una casa de Las Heras que compartían con el matrimonio integrado por Nora Otín y Miguel Pacheco.

Fue el 7 de abril de 1977 el día en que a Elvira la secuestraron y desde entonces está desaparecida. A su hija, María Victoria, la dejaron en casa de unos vecinos y a los pocos días los abuelos maternos viajaron desde San Juan para hacerse cargo de la pequeña cuyo padre, Carlos Pardini, era uno los tantos presos políticos de la época.

Con una bolsita llena de documentos, fotos y, sobre todo, repleta de amor, María Victoria Benítez se presentó ante el Tribunal Oral Federal para cumplir con lo que para ella era un deber. “Yo traté de vivirlo como una fiesta. Es toda una vida esperando ir al tribunal a presentarles a mi vieja y cómo es ser familiar de una desaparecida. Me saqué un yunque de la espalda”, dijo a los periodistas al regresar a su provincia.

La muchacha, por sus recuerdos y por lo que le contaron sus familiares, amigos y compañeros recordó cariñosamente a su madre como una mujer “alegre, solidaria y estudiosa”. Orgullosa, mostró un certificado en el que “mi vieja fue elegida mejor compañera”. También exhibió el certificado con el título de profesora de niños especiales con discapacidades profundas.

Ese compromiso social Elvira lo plasmó en su militancia en Montoneros. Y eso le valió la persecución primero, el secuestro después y la desaparición finalmente.

“Ella no dio la vida por un ideal, a ella la mataron. Ella quería vivir por ese ideal”, explicó Victoria y sumó: “Quería vivir y lo demostró cuando en un operativo en San Juan, ella habló más en sanjuanino que nunca, con esa tonadita llorona que tenemos nosotros y engañó a los policías haciéndose pasar por empleada doméstica. Ella quería vivir y por eso usaba otro nombre… No entregó la vida, la mataron”.

Elvira Benítez indudablemente fue una mujer valiente, con muchas agallas. Seguramente llevó en su sangre lo que le transmitieron sus padres, o sea los abuelos de María Victoria.

Él, Segundo Cipriano Benítez, diputado provincial sanjuanino por el peronismo, también sufrió la represión ilegal, con detenciones y torturas. Aun así, cuando le allanaron la casa buscando armas y explosivos que no había, cada vez que un uniformado pasaba cerca suyo, decía sin temores: “Qué olor a mierda”. Ella, Estela Gómez, no le iba en zaga. A un cura que le dijo el clásico “su hija algo habrá hecho” le respondió con una piña.

María Victoria Benítez cerró su declaración refiriéndose a los imputados: “Esto es lo que yo quiero para mis hijos, que vean que los señores que están aquí tienen la posibilidad que no le dieron a mi vieja. Si ellos creyeron que mi vieja era una delincuente, la hubiesen juzgado. Pero no, ellos fueron dueños de la vida y de la muerte”.

Luego la muchacha tomó su bolsita, esa que está llena de amor y recuerdos, y dejó la sala sabiendo que cumplió con su vieja.

Fuente: Diario Uno

La Quinta Pata

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