domingo, 7 de diciembre de 2014

La hora de la verdad y de la justicia

Eduardo Paganini

¡Por fin ha llegado a Mendoza el momento tan anhelado por nosotros los pobladores sedientos de moralidad y advocación a la ley!

¡Enhorabuena se ha trazado con claridad y contundencia el límite entre el Bien y el Mal para que todos los habitantes honorables podamos proseguir en nuestra marcha hacia la prosperidad eterna en una sociedad renovada, redimida y estimulante!

Desde la misma gobernación de la provincia se ha impedido que las voces de la disolución, el relajo y la denigración vuelvan a instalarse en nuestro seno al impedir que los repetidores se transformen por obra y gracia de la permisividad más alienante en abanderados. Esa sabia y necesaria decisión política pone cierre a la ofensiva del mal gusto, la vulgaridad y la demagogia más abstrusa y obtusa que se vive en nuestro suelo. Terminemos pues con las confusiones y dejemos de señalar cuestiones inicuas y menores como la corrupción institucional, la complicidad delictiva, las coimas y la genuflexión y pasemos de una buena vez a extraer de raíz la semilla del mal.

¡Qué mejor política de exterminio del enemigo que marcárselo desde sus más tiernos años como para que reflexione acerca el confuso camino que transita! Un repetidor no merece ninguna contemplación pues su conducta errónea resulta tangencial a la estafa y la defraudación. De qué manera lógica puede argumentarse que alguien que haya cometido esa falta patriótica y esa falla intelectual pueda aspirar siquiera a portar la bandera de la patria, que en esas polutas manos se deshonraría de modo infeccioso.

Ahora sí los hombres y mujeres del mundo decente respiran satisfechos pues ha quedado la frontera cerrada para los ilegítimos pretendientes a un sitio de honor excelso como el mencionado.

Y el punto final que pone allí el gobernador es tácticamente esencial, pues evapora todo posterior ataque a la ética de nuestra civilidad que redunde en ese debilitamiento de las prácticas escolares, las consideraciones normativas y las estructuras del estado. No es difícil imaginar los posteriores intentos de avances hacia la inmoralidad de haberse permitido ese relajamiento de la disciplina institucional, rápidamente aparecerían los profetas de la lubricidad y el vicio solicitando que esos repetidores abanderados merecerían un trato distinguido por el esfuerzo desarrollado para su superación, o bien tendrían el mismo derecho que cualquiera de los no repitientes a una beca o un premio, y hasta es dable imaginar que no faltarían los esclarecidos que permanentemente bregan por incorporar en una institución sagrada como la escuela a pseudociencias como la psicología o la pedagogía, actividades estéticas, expresivas, deportivas o acciones comunitarias con el falso fin de complementar la formación personal de los alumnos, cuando en realidad su objetivo es meramente la instalación del libertinaje.

Por eso mismo no debe quedar aquí esta situación. Se impone por rigor histórico profundizar y estructurar pautas de reencauzamiento que refuercen la diferencia entre los alumnos que han sabido aprovechar sus oportunidades y los que le han fallado a la sociedad, a la escuela, al cuerpo docente, a su familia y a sí mismos. No deberían vestir estos desclasados de la misma forma que el resto, alguna prenda identificatoria debería al menos hacer ver a los ojos de los otros que ese sujeto es un repetidor, o lo que es peor: una repetidora, y por ende no se lo puede considerar a prima facie de igual a igual con alguien que nunca haya repetido. Un birrete verde podría ser suficiente indicación de estado y su uso convendría fuese obligatorio no sólo en el aula, sino también en la medida que quien lo merezca esté transitando por la vía pública. Porque de esa manera, el vecino común, el paseante, el agente de seguridad estarán prevenidos con anticipación suficiente cuando ronde en su proximidad uno de estos deleznables personajes. Asimismo, no deberían poseer el derecho al boleto escolar o estudiantil, y ese birrete sería útil para que los choferes reconozcan la diferencia al expedir el pasaje.

Muchas serían las ventajas de aplicarse esta medida de señalamiento social, pues cualquier adulto bien intencionado y con honra podría manejarse con actitud educativa frente a ellos, ya sea –por ejemplo- frente a un cruce callejero casual, la oportunidad de una charla orientadora, o bien la prohibición de ingreso a bares o sectores de entretenimiento y paseos para evitar la vagancia, o quizá hacer más fácil y rápido para bedeles y preceptores el arreo de los birretes verdes que suelen pavear en las cercanías de los establecimientos educativos en la hora de inicio o salida de clases, además de darles la prioridad para comisiones de trabajo de limpieza, acarreo y tareas especiales que supongan recargo de esfuerzos, etc.

No todo está perdido. Alguien halló el punto de apoyo de Arquímedes que moverá el mundo hacia un tiempo de bien, de paz, de espíritu grande.

La Quinta Pata

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