domingo, 15 de febrero de 2015

El terremoto del caso Greco I

Eduardo Paganini (Baulero)

Parece obvio que la ancestral cultura por el trabajo ha perdido espacio en nuestra cotidianeidad, y es muy probable que ello ocurriere por una amplia gama de factores. Pero no es menos cierto que episodios como los que se denunciaron en esta revista 5ª edición no solamente han efectuado el daño comercial correspondiente, sino que han sido un modelo a seguir por muchos adherentes a la viciada ética del neoliberalismo.

La historia de las provincias de Mendoza y San Juan, deberá reconocer en el futuro la existencia de dos grandes catástrofes dignas de figurar en páginas destacadas de los textos de estudio, y hasta de los diccionarios y enciclopedias de todo el mundo. Para Mendoza, el terremoto de 1861 que destruyó a la comunidad que en aquella época la habitaba. Para San Juan, el terremoto de 1944, que obligó a reconstruir los principales núcleos urbanos de su territorio. Y en conjunto para ambas el año 1980, como la fecha en que el denominado “grupo Greco” arrasó con las economías respectivas.

Si se efectúa un somero cálculo, el desfasaje causado por el grupo del empresario Héctor Osvaldo Miguel Greco asciende a unos dos mil millones de dólares, lo cual alcanza para construir unas ciento cincuenta mil casas a valor individual de unos 3 mil millones de pesos viejos cada una. Como en 1861 la ciudad de Mendoza apenas alcanzaría a unas 2.000 ó 3.000 casas, y las destruidas en 1944 en San Juan podrían estar en el orden de las 20 mil, ó 30 mil si se quiere exagerar, no llegamos ni siquiera a la cuarta parte del monto. Y si hoy sucediera un cataclismo similar, es improbable que la destrucción superara las cien mil viviendas, con lo que el desastre causado por el grupo Greco supera los dos terremotos anteriores, y a uno cualquiera que pudiese tener lugar en la actualidad.

Cómo funcionaba

Las cifras comparativas mencionadas anteriormente están destinadas a algunos empresarios proclives a la minimización del problema, en procura de presentar al empresario Greco en la forma más favorable posible, y como si lo que está sucediendo ya en las dos provincias fuera obra de un imprevisible cataclismo, y no de un “holding” monopólico autor de claras maniobras delictivas que están perjudicando a los habitantes de estos territorios como nunca antes se haya conocido o imaginado.

Esta revista ya había denunciado en su oportunidad, en sus tres números anteriores, la anormal situación en que se encontraba el grupo Greco y sus empresas, y afortunadamente, sobre todo después del número 6, muchas personas tomaron la atinada medida de retirar sus fondos del Banco de los Andes que habían colocado en plazo fijo, salvándose así de una serie de inconvenientes. Pero vale la pena recordar algunos detalles, en forma muy somera, para evitar que algunos profetas de la confusión intenten colocar nubes de humo sobre sus responsabilidades.

El empresario Héctor Greco compró el Banco de los Andes en el año 1977, cuando era negocio trabajar con dinero, y no debía llamar demasiado la atención dado que por aquel entonces la entidad crediticia era pequeña, aunque sólida. A fines de [ilegible en la fuente] Greco gana unos doscientos millones de dólares con la brusca suba del precio del vino, y comienza una serie de compras de paquetes de empresas, acertadas unas pocas, y disparatadas la mayoría. Los déficits son impresionantes, pero dos, tres, diez millones de dólares parecen ser para este nuevo potentado como el precio de un café para el ciudadano común (que le alcanza para el café), regala Peugeot importados a sus amistades, Ford Taunus a empleados fieles, y sus corredores de vinos compran hasta edificios de departamentos completos. El encarga hasta un Roll Royce, y varios Mercedes Benz. Le gusta una casa, y la compra. Le gusta una bodega, y sus ayudantes corren con el maletín para concretar la operación. Adquiere incontable cantidad de fincas, y la mayoría no fueron visitadas ni una sola vez por el potentado. Procede como si fuera el derrocado sha de Irán cuando aún estaba en el poder y en realidad, conforme a sus adquisiciones, sus capitales superan a los del propio sha.

A este hombre que parecía tener la vara del rey Midas, comenzaron a acercársele empresarios, funcionarios, personajes de la zona, atraídos sin duda todos no por su personalidad, sino por su dinero. Todos se inclinaron ante su abultada billetera. Nadie quiso reflexionar respecto a lo que estaba detrás. Prefirieron creer en historias de Aladino, como que había una lluvia de petrodólares de algún jeque árabe misterioso, al cual no le importaba que el señor Greco hiciera inversiones disparatadas, olvidándose que pese a sus fortunas, los dirigentes del pueblo árabe suelen ser muy cuidadosos en sus colocaciones en el exterior, y dirigen las empresas más sólidas. Ello, porque la única forma de alimentar a sus pueblos, una vez que se acabe el petróleo, es convirtiéndose en poderosos financistas internacionales.

Sin embargo, la trastienda del señor Greco no funcionaba mo era debido. “5a. EDICION” denunció oportunamente lo a mal que resultaba el que el Banco de los Andes pagara las m res tasas de interés del país. Porque eso significa que sus cr& cran los más caros del país en consecuencia, o caso contrario hieran perdido (linero en la operatoria. Y las empresas que ad( ren créditos a alto interés son de inferior categoría, están (les( radas, y terminan hundiéndose y dejando al banco con una tada cartera de incobrables.

En la trastienda

Sin embargo, la trastienda del señor Greco no funcionaba como era debido. 5a. Edición denunció oportunamente lo anormal que resultaba el que el Banco de los Andes pagara las mayores tasas de interés del país. Porque eso significa que sus créditos eran los más caros del país en consecuencia, o caso contrario hubieran perdido dinero en la operatoria. Y las empresas que adhieren a créditos a alto interés son de inferior categoría, están desesperadas, y terminan hundiéndose y dejando al banco con una abultada cartera de incobrables.

¿Y quiénes eran las empresas que tomaban esos créditos? Pues las propias empresas del bodeguero Greco, todas esas desafortunadas adquisiciones de balances deficitarios, con directorios llenos de figurones que se limitaban a cobrar jugosos salarios, es decir, el grupo Greco estaba prácticamente malversando a sabiendas el dinero de los ahorristas en una aventura que no tenía salida posible. Esta revista consultó oportunamente, hace tres meses, a algunos conocidos empresarios y banqueros de la Capital Federal., proporcionándoles todos los síntomas que se advertían en ese holding. La respuesta de uno de ellos llegó a ser: “Me animaría a decir que estarnos en presencia de una estafa monstruosa”.

Durante los últimos tiempos, el funcionamiento del Banco de los Andes era cosa de locura. Las empresas de Greco le debían a la entidad una cifra que ni siquiera ellos mismos podían calcular bien, pero estaba cerca de los 700 millones de dólares. Es decir, Greco le debía a su propio banco tan fabulosa suma. Los propios funcionarios de la entidad decían en confianza que no creían que jamás pudieran llegar a saldar el rojo con el Banco Central. En la sucursal Buenos Aires del Banco de los Andes, el vicepresidente Jorge Bassiil, acompañado por cuatro o cinco jerarcas más, llamaba todos los días a las financieras y bancos buscando más dinero disponible en el circuito financiero, y cuando de alguna entidad le informaban que poseían un partida de dinero, se apresuraba a sacar la carpeta correspondiente, que muchos señalan era falsa, y regiraba a Mendoza, donde todo se perdía como una gota agua en el mar. La fuente de obtención de recursos eran los inversionistas de todo el país, a través de la infinidad de sucursales del sobredimensionado banco. Cuando se procedió a liquidar el Banco de Intercambio Regional, se produjo la corrida de ahorristas de algunas entidades, y el Banco de los Andes fue uno de los más afectados. Entonces, se apresuró a hacer uso de los adelantos que el Banco Central proporcionó en ese momento a los bancos que hubiesen resultado más perjudicados por el “crack” financiero, y recibió 700 millones de dólares. Pero eso marcó el principio del fin, y la historia terminó como se sabe.

La estrategia de Greco

Muchos se preguntan cómo pensaba salir el bodeguero Greco de la cadena fatal en que se había metido. La estrategia aparentemente lindaba en la locura, en la paranoia.

Por un lado, el bodeguero Greco se metió en los vaivenes de la política para aumentar su poder. A través del matutino Mendoza llevó un ataque centrado sobre el gobernador Jorge Sixto Fernández, y cuando tuvo la seguridad de que renunciaría, en los primeros días de este año, utilizó ese medio de difusión para informar sobre el nuevo gobernador que se designaría, que él ya conocía de antemano, puesto que el brigadier (RE) Rolando José Ghisani se había desempeñado hasta el mes de diciembre como director secretario de Termas Villavicencio S.A., una de las empresas de su grupo y era persona de su conocimiento. También se encargó de correr los rumores correspondientes a la designación de un gabinete, donde casualmente la casi totalidad de sus componentes le respondían por una u otra razón. Aquí no obtuvo resultados, y comenzó a entrar en una peligrosa declinacion.

¿Y para qué quería Greco quedarse prácticamente con un gobierno propio? Se supone que la maniobra consistía en manejar, mediante la designación de personas de “su equipo’’, los Bancos de Mendoza y Previsión Social, de manera tal que sus empresas pudieran operar libremente en ellos, y de tal manera aliviar el ya jaqueado Banco de los Andes.

El segundo brazo de la estrategia, habría contemplado quedarse con la totalidad de la industria vitivinícola. Greco habría fijado los precios de la uva y el vino, dominando absolutamente su comercialización, y en consecuencia, las economías de Mendoza y San Juan, que dependen en su mayor parte de este rubro, habrían quedado en sus manos. Tanto Giol como CAVIC se convertirían en meros elementos decorativos, destinándoselas a producir para la exportación si es que no pasaban a su poder. Pero Greco se quedaba con el mercado interno, el único redituable actualmente puesto que las cooperativas iban a ser jaqueadas y no podían en todo caso competir con su inmenso aparato de comercialización.

Si estas dos pinzas de la estrategia hubieran funcionado como correspondía, se habría concretado el plan, que debemos reconocer, era una cosa de locos. Pero Mendoza y San Juan habrían quedado absolutamente en sus manos. No vaciló en utilizar para su objetivo todos los medios de que disponía, que eran muchos, fundamentalmente el dinero, aunque no propio, como se puede deducir de lo que antecede. Ese dinero sirvió para comprometer a mucha gente, y de allí el silencio que imperaba sobre todo lo que estaba sucediendo en Mendoza y San Juan.

Intervención al banco

La intervención al Banco de los Andes por parte del Banco Central, ha permitido hasta ahora descubrir una serie de hechos que dan la pauta de la forma en que algunos bancos del país han estado disponiendo de sus fondos, que son los de los inversores. ¿Algunas situaciones corno ejemplo? Pues el de un conocido empresario local, quien concurrió a descontar unos documentos de Greco al Banco de los Andes en San Martín. Le efectuaron el descuento en el mes de setiembre de 1979, y le indicaron que sería conveniente que abriera una cuenta corriente. El empresario señaló que por estatutos de la sociedad no podía hacerlo, aunque sí una cuenta personal. Y la abrió. Aunque no la uso jamás. Pero dejó cinco cheques firmados en blanco, confiando en el gerente, y una declaración jurada de datos, también en blanco, que le expresaron se la llenarían ellos mismos. Y nunca más se acordó de la cuestión, hasta que hace unos días recibió una comunicación del interventor de la entidad bancaria reclamándole el pago de 3.000 millones de pesos nuevos, que era el descubierto que figuraba en su cuenta. Le habían llenado los cheques, y la declaración jurada también, haciéndole figurar datos falsos, como que hasta la fecha de nacimiento era inexacta.

Varios cuentacorrentistas se encontraron también con que en sus cuentas aparecían y desaparecían cifras completamente alejadas de lo que era su giro normal, o sea que de pronto un millón de dólares, o dos, eran registrados un día y desaparecían al otro. Es decir, se estaba “trabajando” con esa cuenta corriente.

Hay otras en que figuran descubiertos impresionantes, y los anonadados clientes están concurriendo al banco para aclarar tan inexplicable situación, porque pensaron estar absolutamente al día.

Al margen de ello, por ejemplo hay créditos incobrables por medio millón, un millón, o cinco millones de dólares, que teóricamente recibieron insolventes absolutos. Según las versiones circulantes en medios financieros, algún insolvente total, sin bienes de ninguna naturaleza, firmaba como que recibía un millón de dólares, pero en realidad le daban solamente 20 mil dólares por el “favor”, y el resto iba a parar a manos desconocidas. Cuando el Banco pretende cobrar la deuda, surge que no hay ningún bien para responder, y eso pasa al rubro de los incobrables.

Los casos de personas que han firmado avales a favor de Greco, son numerosísimos. ¿Quién iba a negarle su firma a un potentado? Y allí están, con 8, 9 ó 15 millones de dólares en avales, y sin la posibilidad remota de poder responder por ello. Otros tienen esa posibilidad, pero al precio de ir en convocatoria.

Las investigaciones del Banco Central continúan, y surge más y más anomalías, que entran directamente en el campo delictivo.

El mismo terreno de la vitivinicultura está sembrado de cosas que no pueden comprenderse muy bien. Está el caso de la bodega El Desvío, de General Alvear, donde los abogados piden una prórroga a los acreedores. Esta es la bodega involucrada en el caso del alcohol etílico, cuyos propietarios están detenidos. Según cuentas leídas en esa reunión de los apoderados y acreedores El Desvío, el establecimiento tiene documentos a cobrar por 88 mil millones de pesos nuevos, y deudas por 30 mil millones. El mayor deudor de esa bodega es Greco, cuyos documentos afirma no pueden cobrar, por razones lógicas.[i]

Esa bodega vende vinos, y si los propietarios del establecimiento están detenidos por maniobrar con vinos falsificados quiere decir en buen romance que el principal comprador era Greco.

Todo esto que hemos explicado, sin embargo, pretende ser ignorado por sectores proclives a Greco que están actuando Mendoza, y se procura empujar los hechos más bien hacia una catástrofe sin autor conocido. Con el pretexto de buscar el bien común, se quiere echar tierra sobre la responsabilidad solamente de Greco, sino de quienes le acompañaron en la aventura y que todavía están en libertad.

Los hechos están demostrando una gravedad tal, que la puesta a disposición del Poder Ejecutivo Nacional de Greco y Bassiil aparece aún así como una pena leve en relación con el daño causado.

Fuente: El Espectador (pseudónimo), El caso Greco provocó daños superiores a un terremoto en 5ª edición, Mendoza, mayo de 1980, Director propietario: Guillermo Martínez Anzorena. Año I, Nº 8

[i] En junio de 2014 se publicaron en EL BAÚL tres notas relacionadas con esta adulteración. Cf. http://la5tapatanet.blogspot.com.ar/2014/06/aquellas-si-eran-adulteraciones-i.html y ss.

La Quinta Pata

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