domingo, 15 de febrero de 2015

¿Fuego amigo y chivo expiatorio?

Carlos Almenara

El fiscal Nisman volvió súbitamente de sus vacaciones europeas a presentar una denuncia contra la presidenta de la Nación y otros funcionarios.

Para ello pidió que se habilitara la feria judicial, solicitud que la jueza interviniente desestimó por entender que no había mérito.

A partir de la denuncia inició un raid mediático impresionante. Paseó por todos los medios opositores afirmando que la presidenta había encubierto el atentado a la AMIA.

El juez Canicoba Corral, a cargo del atentado, cuestionó severamente al fiscal por la denuncia y por la evidente invalidez procesal de los medios de prueba que aducía tener: escuchas, probablemente ilegales. El mismo juez recordó instrucciones que ya había transmitido al fiscal: no basarse tanto en escuchas que le pasaban los servicios de inteligencia y explorar otras pistas (pista siria, conexión local). Amargamente se quejó que no se habían escuchado sus observaciones y que eran los agentes de inteligencia los que conducían la pesquisa.

Un argumento central de la exposición del fiscal fue desmentido por el involucrado: Ronald Noble, director de Interpol hasta 2014 negó enfáticamente que el gobierno argentino haya intentado eliminar las “alertas rojas”.

La oposición política argentina utilizó la denuncia y pretendió hacer un show el lunes 19 de enero. El oficialismo, contra el pronóstico previo, dispuso asistir y cuestionar la denuncia.

El domingo 18 a la noche se encontró muerto al fiscal en su domicilio.

Comenzaron a conocerse detalles de todo el cuadro.

La denuncia se hizo pública. Los más prestigiosos juristas del país indican que resulta un fiasco, básicamente, porque suponiendo que demostrara lo que pretende, que no lo hace, no habría delito. El acuerdo con Irán que es público, conocido y fue aprobado por el Congreso no implica per se un delito, y eso es lo que presupone la denuncia.

Si alguien no puede imputar encubrimiento es quien ha tenido la causa con plena disposición de recursos durante más de diez años sin producir pruebas, como le señalaron los tribunales británicos a Nisman, quien, por cierto, también acusó de lo mismo al fiscal adjunto Marcelo Martínez Burgos. Desde entonces Nisman se sentó arriba del expediente con sin prueba convincente y a quien quisiera mover alguna foja le tiraba los perros de presa judiciales.

Se conocieron detalles de la relación del agente Antonio Stiuso con Nisman. Se supo que era su fuente única de información y que su trabajo consistía en aportar supuestas pruebas para incriminar a Irán. En esta tarea tenía una fervorosa colaboración de los servicios de inteligencia estadounidenses e israelíes.

Stiuso quedó marginado de la Secretaría de Inteligencia a fines de diciembre de 2014 y es inevitable vincular ese hecho al cimbronazo de los días posteriores.

Se supo por confesión del propio fiscal que hacía meses y años que en lugar de averiguar quién es responsable del atentado a la AMIA estaba tras la pista de lo que finalmente se conoció como su “denuncia” contra la presidenta. Es inevitable deducir que ese tiempo Stiuso, el llamado “hombre fuerte” de la secretaría, y sobre cuyos informes Nisman se fundaba, estuvo operando contra la presidenta por lo menos un año.

Se conocía desde que aparecieron los cables de Wikileaks que Nisman era “hombre de la embajada” de Estados Unidos. La descripción no es exagerada. Pedía autorización a la embajada por cada medida que tomaba en el expediente. Cuando no lo hizo pidió disculpas de modo tan insistente que hizo ruborizar a los funcionarios diplomáticos.

Pino Solanas comentó la amistad de Elisa Carrió con Stiuso.

Los medios opositores hicieron responsable a la presidenta de la muerte del fiscal.

Los medios estadounidenses muy adeptos a las teorías de su Departamento de Estado se ensañaron con Argentina. Sin ninguna prueba y contra todo indicio y antecedente también deslizaron la responsabilidad del gobierno argentino.

Congresistas estadounidenses interfieren alevosamente. Alguno ha planteado hasta hacer una comisión investigadora internacional.

Apareció en escena un personaje extrañísimo: Lagomarsino. Trabajaba con el fiscal. Mejor dicho, cobraba de la unidad del fiscal. Es el dueño del arma que produjo el disparo que mató a Nisman. Contó que el fiscal le había pedido la pistola.

Ahora, muy sugestivamente la jueza Arroyo Salgado también pide un veedor extranjero.

Estos son hechos. Cosas que pasaron.

Mi interpretación es que constituye la trama de un golpe “blando” en clave que puede leerse con una lógica continental.

La revolución no será televisada[i] cuenta la historia del golpe de 2002 en Venezuela. Hay que verla para entender los parecidos de familia en cada uno de estos complots. Está en internet.

En 2002 pero también en 2014 y en múltiples ocasiones la urdimbre requiere un acontecimiento que catalice la acción de calle. En el documental mencionado se cuenta cómo la televisión acusó a chavistas de disparar en Puente Llaguno contra la marcha opositora. La investigación demuestra todo lo contrario: fueron francotiradores opositores quienes dispararon sobre manifestantes opositores al tiempo que los medios imputaban al chavismo.

La analogía es evidente: forzaron a Nisman a denunciar a la presidenta y provocaron su muerte.

L. le llevó el arma. Nisman había dicho que tenía miedo por sus hijas. En El Padrino, Tom Hagen le recuerda a Frank Pentángeli cómo se suicidaban en Roma los complotadores que fracasaban. Así salvaban el honor y la familia. “Tu familia estará bien” le dice el consejero. Un agradecido Frank se suicida en la prisión. ¿Habrá sido el mensaje de L. y por eso fue con el arma? ¿Le habrá dicho que sus hijas estarán bien?

Infinidad de llamados con Laura Alonso, la diputada buitre, en sus últimas horas. ¿Será Alonso quien le habrá inducido el suicidio? ¿Lo habrá presionado tanto que el fiscal se sintió en falta por una denuncia inconsistente? Alonso declaró pocas horas después de la muerte del fiscal que sólo sabía lo que era público, luego hizo una dramática puesta en escena según la cual Nisman le dijo “mirándola a los ojos” –Cristina ordenó todo. Y resulta que según esta versión hacía ocho meses que estaba al tanto que Nisman denunciaría a la presidenta. ¿No hay una asociación ilícita en esa confesión?

Infinidad de llamados entre Patricia Bullrich, también una confiable agente yanqui, y el fiscal durante sus últimas horas. ¿Lo convenció de algo Bullrich? ¿Le transmitió algún mensaje?

Es claro que Nisman formaba parte de un complot contra el gobierno argentino. En esa asociación se incluía por coordinación expresa o por coincidencia de objetivos a Stiuso e inteligencia argentina, Bullrich, Alonso, la embajada y servicios estadounidenses, Israel, el grupo Clarín. La asociación data por lo menos de un año.

Operan como saben, como les encanta. Usando fuego amigo y chivos expiatorios.

La conclusión para lo que sigue es evidente. Apuntarán (literalmente) a la marcha del 18. Hay buenos tiradores como Bonadío entre los convocantes. Seguirán buscando provocar bajas en su propia tropa. Fuego amigo y sacrificios para forzar el golpe.

Es su modelo favorito.

Lo que suceda en la marcha que convocan para el 18 de febrero lo hacen ellos. Que nadie te mienta al respecto.

Ojalá este escrito colabore para exorcizarnos de estos fantasmas de la muerte que quieren adueñarse del país. Ojalá sirva para cuidar nuestra paz y nuestra democracia.


[i] La revolución no será televisada

La Quinta Pata

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