domingo, 15 de febrero de 2015

Recuperándose

Rolando Lazarte

La hoja se había transformado en una especie de puerto seguro. Un puerto seguro, sin duda. Allí voy cada vez que necesito rehacerme. Cada vez que necesito estar un poco conmigo. Entonces me pongo a leer o a escribir. Leer o escribir, eso mismo.

Cuando estoy en la hoja, sea de un libro o de un cuaderno, es como si estuviera donde debo estar. Estoy en mi lugar. Este es mi lugar. Pero no es un lugar de donde estén excluidas otras personas, no es un lugar apartado. Es un lugar de reunión.

Aquí me reúno con quienes también están en busca de sí mismos o de sí mismas. A veces, como ahora, no es que uno venga a este lugar de encuentro para decir algo determinado.

Tal vez sí, tal vez no. Puede ser que uno quiera compartir algunas alegrías pequeñas o no tan pequeñas, como la de estar leyendo un libro agradable, o la de tener la sensación de estar firmemente plantado en el suelo.

O, aún la alegría de saberse parte de una red de afectos que incluye la familia, principalmente, y se extiende por los amigos y amigas, las redes de las cuales participo, construyendo vínculos solidarios. Respirar aquí, valorizar la vida aquí.

Saberse aquí a salvo de la deshumanización que ronda más allá, y, de algún modo, saber que en este nido se construyen antídotos contra la violencia y la despersonalización, la indiferencia y el tedio vital.

En estos espacios, donde lo cotidiano y lo más íntimo son lo más valioso, es como si uno estuviera rondando las semillas de una vida nueva que depende solamente de nosotros mismos.

La Quinta Pata

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