domingo, 22 de febrero de 2015

Religión

Mauro Osorio

Al alba los llevaron en muda procesión.
Las uñas del profeta se adherían
A sus cuellos límpidos y sumisos.
La muerte estaba detrás, segura.

Pero son los de encapotado perfil
¡Impíos de matriz! al deslizar, sin temblor,
La hoja de Alì por la nuez desnudada.
¡Definitivo el corte que cruzó la garganta!

La esfinge lloró sus hijos y gimió
Contra la luna creciente, la pasada noche.
Veintiuno fue el número que vislumbró
El reptil en su cueva diminuta de arena.

¡Rueda de miedo, yo los miro degollados!
¡Yo miro el cielo sin un ave, y las criaturas
Del mar buscar refugio en los corales!
El sol no da nombre a sus cuerpos derribados.


Es que para merecer la nieve del padre
Antes es preciso dejar la sangre,
La sangre de veintiún hombres
Sola por el mar, errar sin diluvio.

Hoy la roja espuma baña las sienes.
Y la veloz paloma de Alá prosigue su vuelo,
Con muérdago de espanto en el pico,
Por las latitudes del globo alarmado.

¡El credo!¡el credo!¡la letra del evangelio!
¡Los sagrados cantos de la misa vigilada!
¡Dogmas se disputan el metro de jardín!
¡Longeva lucha de la cruz y la estrella!

Tiempos de terror y repentino abismo.
Los nervios del mundo se erizan mientras
La sierpe resucita bajo el sudario de las banderas.
¡Qué horror este cielo sin salida!¡sin salida!

Hombre sin escrúpulos, señala tu futuro
Donde se encuentre miseria sin misterio,
No cauce de razón ni azul de libertad.
Señala tu oscuro futuro y el de nadie más.

La Quinta Pata

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