domingo, 22 de marzo de 2015

¿Eminencia, no entiendo por qué los jóvenes europeos se van a la yihad?

Carlos Lucero

(Porque si dices: Hemos llegado a otros planetas,… debes declarar también que hemos masacrado y esclavizado a pueblos enteros, hemos atestado las cárceles con gente que pedían libertad, hemos mentido desde el amanecer hasta la noche…hemos falseado nuestro pensamiento, nuestro afecto, nuestra acción. Hemos atentado contra la vida a cada paso , porque hemos creado sufrimiento” Silo, El paisaje Humano)

Sólo cabe, por ahora, un sonoro silencio como respuesta. En este espacio sin mayor extensión, hemos renunciado a la pretensión de alcanzar al lector habitual de las páginas de noticias y comentarios que ostentan diariamente las titulares de los medios. Esas breves etiquetas que como rendijas, apenas dejan ver los signos de esta época. Ciclo histórico de mutaciones que todavía no llegan a la profundidad que sería de desear sino que navegan sobre una superficie en donde se dibujan formas, colores y aparatosos diseños, resignando en la subjetividad desatenta, la sensación de transformaciones verdaderas. Sin embargo, es lamentable que, más superficiales aun, sean las interpretaciones que sobre ellas se hacen, al punto de no superar las que se oyen en una peluquería de barrio.

Atrás quedó, el siglo que pasó

Nadie duda de que el mundo ha cambiado de manera categórica, irreversible, pero los límites de nuestra percepción y una restringida capacidad de relacionar la información, nos impide medir las dimensiones y el rumbo de ese cambio. Quizá con perspicacia denodada podamos tener alguna idea de lo que está pasando, pero será dentro de algunas décadas, cuando las nuevas generaciones se den a la tarea de medir, y estudiar con amplitud los resultados más evidentes que muestre la historia. Pero que cambió, no lo dudemos…cambió. Atrás para siempre quedó el siglo XX. Arrastrando sus contradicciones, e ideologemas racionalistas que derivaron en la violencia atroz y distribuyeron desesperanza en el corazón de cada persona. Aunque los restos de la anti humanidad, sin embargo tiendan a seguir manifestándose, tardíamente con sus peores consecuencias sobre nuestra cotidianidad.

La pueblerina observación

Entonces volvemos a preguntamos ¿hacia dónde rumbean estas líneas? Sería atolondrado repetir el error de ponernos a juzgar, describir y hablar livianamente de fenómenos tan complejos como la yihad islámica, que tiene lugar, a pesar de la mundialización, a muchos, muchísima distancia. Y como están ocurriendo fuera del paisaje que nos rodea, para nuestra limitada mirada, sigue siendo un asunto inaccesible y casi nada comprendido. Aunque lo que verdaderamente desconcierta es la pequeñez de los amagues interpretativos que suelen asomar cuando alguien se anima a enfrentar la cuestión. Seamos específicos, la sorpresa surge cuando uno tiene oportunidad de asistir a algunos reportajes y entrevistas que suelen darse en los medios, conducidos por personas que les gustar venderse y cobrar como especialistas en asuntos internacionales y sin embargo, cuando tienden a abordar temas que bullen debajo la superficie, con una lánguida voz, lanzan como una súplica:

_ ¿Y cómo interpreta usted este fenómeno de los jóvenes europeos marchando para unirse al Estado Islámico,…porque le confieso cardenal que yo no lo entiendo (¡!)_

¡Un plato de ravioles!

Y el interlocutor, otro pretendido versado en el tema, con astucia y caradurez, contesta ambigüedades en tono pontificio. Está claro que él tampoco ha logrado entender nada pero no lo va a reconocer. Sin embargo, no tiene empacho para condenar a la desorientación propia de la etapa juvenil, a su inmadurez y la irresponsabilidad, a la falta de juicio y contención de los padres y otros argumentos tan gastados como inútiles. Por lo general son versados, eso sí, en culpabilizar a los demás. En su interior piensan que los problemas del mundo se suscitan porque la gente no hace lo que ellos dicen.

¡ Marchen ravioles con salsa de altanería y soberbia intelectual para esta mesa !

¿Acaso no se dan cuenta?

A este punto queríamos llegar.

¿Acaso en un arranque esporádico de lucidez, estos “comunicadores” no pudieran caer en cuenta de que este sistema capitalista que ha tallado hasta la médula de esta sociedad, los antivalores del egoísmo, la mezquindad y el lucro proyectan que sean lo único válido en la vida? ¿Es que alguien pueda pensar que este es un modelo, acaso presentable para las nuevas generaciones equipadas con una sensibilidad nueva y una inteligencia a flor de piel? ¿Es que por fortuna no se dan cuenta de que este régimen mundial no ha generado nada más que descreimiento y nihilismo a lo largo de tantos siglos de oscuridad y negación de aquello profundamente humano? ¿Por qué no se animan a pensar que los jóvenes tienen razones y capacidad para detectar, de alguna eficaz manera, la situación de vacuidad a la que su existencia se dirige, si acatan las propuestas que ofrece esta sociedad en bancarrota moral?

Directo a la autodestrucción

A estas inquietudes no faltará algún atrabiliario que afirme que estamos justificando la presencia de la violencia religiosa. A ellos les aclaramos que no queremos saber nada de esa tesis básica e infamante. Aclarado el punto continuemos.

No cabe duda de que esta decadencia generalizada de la que la mayoría sin quererlo, formamos parte, de ningún modo encarna una opción válida para la nueva gente que se asoma al mundo portando una mochila cargada con expectativas diferentes. Propias. Por ahora desconocida por los adultos que siguen portando un vestuario ideológico confeccionado hace más de doscientos años.

Basta de hipocresías. Si nos preocupa realmente que el destino de las nuevas generaciones no concluya en una fatal inmolación, no seamos ciegos. Tal vez estemos a tiempo de atender a los errores descomunales que hemos, como adultos nacidos en el siglo pasado, cometido. Y seguimos cometiendo.

La Quinta Pata

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