domingo, 12 de abril de 2015

¿Quién garantiza el proyecto?

Carlos Almenara

Anomalía argentina lo llamó Ricardo Forster en los albores del Espacio Carta Abierta.

El kirchnerismo fue el modo en que el pueblo argentino reencontró la política. “Política” es una palabra difícil, polisémica. Es muy posible que no nos entendamos cuando la usamos. En un sentido fuerte, hay política cuando hay disputa de sentido. Cuando nos preguntamos, discutimos y decidimos sobre los nortes, los grandes rumbos y valores que “rigen” en nuestra sociedad. Cuando discutimos cómo se reparte la torta. Cuando discutimos quién manda.

Durante los noventa y empezando el nuevo siglo los argentinos tuvimos modelo único. Que hubiera elecciones no implicaba discutir el “trazo grueso”. Actualmente la discusión en gran parte de Europa tiene esa característica, dirimen elencos que aplicarán medidas parecidas.

Con la asunción de Néstor Kirchner, paulatinamente, se fueron dando disputas en sinnúmero de dimensiones. Desde la política de Derechos Humanos a la no represión de la protesta social pasando por la política internacional o la renegociación de la deuda externa, cada línea implicó conflictos con el poder establecido. Ello fue continuado y profundizado por Cristina. Claro que queda una gran cantidad de dimensiones pendientes. Lo que falta. Pero ese “lo que falta” hay que explicarlo. Lo que falta es lo que falta de igualdad en distintas dimensiones.

Las oposiciones pueden utilizar cual esgrima oratoria un diagnóstico respecto de carencias; en realidad van por un proyecto de “normalización”, o sea volver al neoliberalismo y a la democracia cínica, aquella en la que funcionarios ponen cara de serios para comunicar las medidas que minutos antes les impusieron Magnetto, Rocca u otros poderosos. Es decir, las oposiciones no son “lo que falta”, son “marcha atrás”, retroceso, desarmar las medidas de reparación.

Este año hay elecciones y hay también una disputa política fuerte.

La garantía de la continuidad de la política en el sentido en que describimos ese término arriba, lo que muestra la experiencia, es que quien la representa es Cristina. Es cierto que el pueblo argentino tiene una tradición de lucha; que como dice Luis D’Elía, el kirchnerismo es también hijo de las luchas piqueteras, todo lo que queramos... pero la verdad es que tanto con Néstor como con Cristina en nuestro país el proceso vino de arriba hacia abajo, muy por delante de la constitución del sujeto político de la demanda.

Cristina como conductora es un puntal. No desde la obsecuencia, desde la estrategia y la táctica para una sociedad más igual.

Pero eso no alcanza.

Es necesaria la organización. No hemos hablado de organización y mi opinión es que hay mucho por pensar y discutir al respecto.

Pero no son los dirigentes intermedios, los candidatos o la burocracia la que va a afianzar y profundizar el proyecto sino, y sin pretensión de ampulosidad, el pueblo.

El pueblo quiere decir el compromiso de cada uno de nosotros con el cuerpo de valores que son enunciados sin complicidad para eludirlos, sin silenciar la denuncia a los atorrantes y sin torpeza ni ingenuidad para fortalecer a los sectores del privilegio.

La Quinta Pata

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