domingo, 12 de abril de 2015

Un panorama sobre nuestro Nuevo Cancionero III


Eduardo Paganini (Baulero)

Una entrega más de este análisis de aquel acontecimiento extraordinario, propio de los ’60, que se autodenominó Nuevo Cancionero y que reunió a una serie de creadores locales para impulsar un movimiento que vibró continentalmente. Rico en voces testimoniales y con apoyaturas gráficas inéditas, este documento se transforma en un valiosísimo aporte a la memoria cultural de Mendoza.

El poeta Brillaud

Roberto Brillaud solía colaborar con Sedero y Francia, improvisando letras, en reuniones con sus amigos. De este poeta mendocino sólo ha sido musicalizado;Veinticuatro proclamas para el sur de América, aunque tiene varios libros publicados: Tres crónicas del hombre, Libro del Peregrino y Conmemoración del júbilo, entre otros.

Brillaud recuerda que él y Tejada Gómez eran adversarios políticos: “Cuando conocí a Tejada Gómez, yo era secretario de redacción del desaparecido diario Tiempo de Cuyo. Él era diputado provincial. Nosotros no coincidíamos políticamente. Era la época de la lucha por el petróleo y yo estaba con Frondizi. Una vez, durante una sesión, con un grupo de simpatizantes, les largamos monedas desde arriba. Sin embargo, yo sé que él guarda un buen recuerdo de mí, por la poesía.”

La voz de la tradición

Una de las opiniones más respetadas en lo que a la parte musical se refiere, es sin dudas la de Alberto Rodríguez. Don Alberto es conocido por su posición tradicionalista respecto de folklore. Este compositor y compilador mendocino tiene una obra vastísima y una vida entera dedicada a la investigación y difusión de la música y las costumbres cuyanas.

A los cultores del Nuevo Cancionero, Rodríguez les dedica estos conceptos: “Esos son escritores, no están dentro de la materia del folklore. Ellos promueven la Nueva Canción, a la que llaman tonada porque han tomado los ritmos tradicionales y con eso están componiendo música.

Lo que yo hago es tradición, lo que crearon nuestros antepasados. Es distinto. Marziali y Tejada Gómez tienen algunas obras escritas. Marziali no tiene nada de conocimiento folklórico, son cosas que él está creando ahora. Eso sería una música popular. No tienen ninguna característica que los defina porque no tienen un ritmo definido, nada que sea tradicional y lo que hace al folklore es la ritmología. Ellos hacen cualquier cosa. Son personas aficionadas a la guitarra

Refiriéndose estrictamente al Nuevo Cancionero, agregó: “Se les ha dado por llamar Nuevo Cancionero a esa serie de composiciones. Pero, son tres o cuatro personas que se han propuesto hacer eso, nada más. No ha trascendido: Si uno va a uno de esos espectáculos masivos, allí se dan cita todos los guitarreros, los guitarristas. Cantan tonadas, pero son tonadas compuestas por ellos, así es que no hay un elemento que los distinga”.

Dificultades tuvieron todos. Pero, sin dudas, Armando Tejada Gómez fue uno de los más combatidos, no sólo por su obra, sino por su simpatía con partidos de la izquierda. Tiempo después, incluso, se relacionaría con don Ángel Bustelo, que ofició de mecenas suyo y también de Oscar Matus y Mercedes Sosa. Con los años, Tejada Gómez y Bustelo llegarían a tener una amistad profunda y una hermandad en casi todos los objetivos que se plantearon.

Según propias palabras de Armando: “Al difundir el manifiesto del Nuevo Cancionero, se arrojaron sobre nosotros todas las brujas del pasado y nos acusaron de todo. La acusación que producía más efecto era la de comunistas y apátridas. Decían que intentábamos desvirtuar el folklore. Ellos se erigían en pretores del alma nacional. No había en el movimiento del Nuevo Cancionero ningún comunista -agrega Armando-. Pero, el más sospechado por entonces era yo. Existía una ley, por la que bastaba una denuncia anónima o la sola reputación para ir a parar a la cárcel. Como era de prever, me acusaron. Yo me desempeñaba como locutor en la LV10, una radio que tenía mucha resonancia. Me procesaron y me quitaron la licencia de locutor para todo el territorio de la Nación. Yo tenía 23 años.”

Los ataques al Nuevo Cancionero se hicieron más notorios, en la medida en que el movimiento crecía y se daba a conocer.

Cuando comienzan a surgir las canciones que estrenamos aquella noche -continúa Tejada Gómez-, en el Círculo de Periodistas, hubo rechazos ofensivos. Decían que ‘Zamba del riego’ era un foxtrot. No era cierto, tenía armonía, las introducciones se respetaban. Hacíamos modificaciones tanto en el texto como en el tratamiento armónico y melódico. Llegamos a la conclusión de que aquellos más acérrimos enemigos, no lo eran sólo porque defendían la patria pura, sino porque eran absolutamente ignorantes y querían preservar la ignorancia como un tesoro folklórico”.

Armando aclara la intencionalidad del Nuevo Cancionero: “Nosotros decíamos que estábamos hartos de cantar para las efemérides, que el folklore no era un solemne cadáver, para sacarlo a relucir en el Día de la Tradición, sino que era una fuerza vital, que hacía a la personalidad y a los contenidos más profundos del hombre argentino”.

Política al margen

Por su parte, Mercedes Sosa sostiene firmemente el hecho de que el Nuevo Cancionero nació como una necesidad cultural:

Nosotros, al principio, nos sorprendimos de que tildaran de política a la música que estábamos creando. Ningún movimiento cultural nace a partir de un partido político. Esto surgió como una necesidad cultural. Necesitábamos tener otra manera de expresarnos. No solamente cantar la tonada o la zamba como ya la conocíamos, sino hacer otras cosas y darlas a conocer en todo el país”.

Sin embargo, reconoce que con el paso del tiempo, tanto ellos como sus detractores han perdido espacio para el debate. “La mayor resistencia siempre es ejercida por los folkloristas ortodoxos. Nosotros no nos dábamos cuenta, pero ya éramos revolucionarios. Ahora no estamos tan distanciados. En esa época estábamos muy peleados unos con otros. Ya pasó ese tiempo. Ha sucedido que ni unos ni otros tenemos plataformas desde donde lanzar nuestras propuestas

Tanto Francia como Sedero coinciden en que el Nuevo Cancionero nació al margen de la política. Pero, reconocen que por entonces algunos de sus compañeros eran blanco de acusaciones partidistas.

Hubo una tendencia a la discriminación, pero como muchos de nosotros éramos apolíticos, esa tendencia no prosperó. La discriminación fue personalizada contra Mercedes (Sosa), Armando Tejada Gómez) y Atahualpa (Yupanqui), entre otros”, subraya Tito.

Nuevamente, es Armando Tejada Gómez quien recuerda las discusiones, y hasta a veces las peleas, suscitadas por este movimiento de renovación: “Las peñas en donde actuábamos nosotros terminaban siempre a las trompadas. Los muchachos nacionalistas iban a silbarnos y a molestar. La cosa era de armas tomar”.

También recuerda que ellos no eran los únicos destinatarios de las agresiones. Por aquella época, en el tango se gestaban grandes cambios también. “En el tango era igual. El mismo Astor lo padeció. Ahora le soban el lomo a su recuerdo. Pero entonces, se tenía que agarrar a las piñas en las radios con los músicos tradicionales del tango. Yo me acuerdo de haber ido pasando por una mesa de café y que dijeran: «Si a Piazzolla le gusta la sinfónica, que se vaya al Colón»”, apunta Armando.

Y cierra diciendo: “Siempre hay un espíritu de estar ahí, de quedarse ahí que es muy legítimo, pues, sin él, careceríamos de memoria. Pero, cuando se niega a esa memoria la posibilidad de moverse hacia otros lados, es cuando se la condena a convertirse en un cascote. Hay que tratar de no perderse los cambios. ¡Se debe cambiar!”.

Parar la olla

Más allá de las peleas en lo político o en lo artístico, no es ninguna novedad que el peor enemigo de un artista es el factor económico. Muchos abandonan a la mitad de este duro camino, otros siguen, pero con muchos sacrificios y, muchas veces, el reconocimiento monetario no llega nunca. De hecho, la única que verdaderamente obtuvo la merecida recompensa fue Mercedes Sosa; el resto vive en forma muy modesta.

Algunos fueron estafados, otros hicieron interminables antesalas en las compañías discográficas y la mayoría debió incursionar en diversidad de géneros para poder “parar la olla”. Se vieron obligados a salir en giras promovidas por dudosos managers y se embarcaron, a veces, en aventuras sin retorno. Pero todos han vivido -y algunos, muerto- en su ley. Claro que, como la distancia y el tiempo todo lo curan, buena parte de las anécdotas hoy provocan en los protagonistas sonoras carcajadas.

Juan Carlos Sedero fue uno de los que tuvo que emigrar por razones económicas. Se trasladó a Buenos Aires, donde tampoco tuvo suerte. Obligado, comenzó una serie de giras por todo el país, en las que no ganaba lo suficiente. La situación terminó con su matrimonio. Nuevamente hizo las valijas, esta vez rumbo a los Estados Unidos, donde conoció a un violinista. Junto con él y otros argentinos que conoció en Nueva York formó un conjunto de música internacional: The Stream Brothers.

Mientras tanto, en Buenos Aires, Tito Francia intentaba infructuosamente grabar un disco. Pese a las recomendaciones de Ariel Ramírez, el director de la empresa discográfica se negaba a recibirlo. Entonces recibió una carta de Sedero invitándolo a unirse a su banda. El ‘Chalo’ le decía que la banda sonaba bastante raquítica; eran dos violines, una batería y un pianito, aunque tenía un gran cantante. Pero el cantante había muerto poco después en un accidente y se hizo necesario, más que nunca, que la banda sonara mejor. Por eso lo requería a Tito.

Una vez juntos en Nueva York, y habiendo mejorado sustancialmente la banda “gracias al virtuosismo de Tito” -según cuenta Sedero-, firmaron un contrato con un consorcio de managers para realizar una gira por Oriente.

Pero dejemos que los protagonistas continúen con el relato. “Habíamos mejorado la banda notablemente en lo musical -rememora Tito- pero sólo habíamos conseguido un cantante de tercera categoría. Era pobre en calidad profesional, pobre en calidad humana y, además, vivía borracho. Teníamos un repertorio amplísimo: El vuelo del moscardón, un concierto de Schumann, rock, Piazzolla, de todo. Tocamos durante un mes en un hotel de Bangkok. Nos iban a presentar un manager que nos llevaría a la Feria Mundial en Osaka.

La noche de la presentación estábamos todos listos y el cantante no llegaba. El público estaba esperando y nos empezamos a poner muy nerviosos. En eso aparece el tipo tambaleante. Era mejicano. Se había tomado unos cuantos tequilas y recién se levantaba de dormir. ¡Ni Pavarotti puede cantar recién levantado! ¡No pudo cantar! ¡No pudo hacer nada! El grupo se acabó allí mismo. Allí se frustró uno de los más importantes proyectos. Íbamos a ir a Manila, Nueva Delhi, de allí Teherán, Irak, Londres, París, Tel-Aviv y Johannesburgo. Encima tuvimos que pagarnos el viaje a Estados Unidos. ¡Queríamos matarlo a ese tipo! Todo esto fue en 1970”.

Con esta y un variado muestrario de peripecias podría, cada uno de ellos, escribir páginas enteras. Pero, también existen los buenos recuerdos, la camaradería y algunas personas que, en ocasiones, hicieron que la lucha no fuera tan ardua.

Fuente: Patricia Stilger, Nuevo Cancionero, Mendoza, 1992, Colección Primera Fila: Hechos y personajes del siglo XX, Nº 8, Diciembre de 1992. Dirección general: Orlando Terranova y Daniel Vila

La Quinta Pata

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